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Capítulo II

TORTURA


Aplicada a quienes fueron detenidos después del golpe militar, la tortura buscó tres objetivos fundamentales. Por una parte, conseguir rápidamente información con el objeto de efectuar otras detenciones y desbaratar presuntas actividades subversivas de los partidos políticos, los partidos de izquierda. Segundo, quebrar la resistencia del prisionero, anulándolo en su condición de cuadro político e inutilizándolo para el ulterior desarrollo de tareas partidarias o de oposición. Por último, castigar como venganza por la afiliación ideológica o partidaria del detenido. En estas acciones los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas (FF. AA.), Carabineros e Investigaciones actuaron sin tregua durante los primeros meses siguientes al golpe. Algunos de sus integrantes dieron muestras de haber sido entrenados en la aplicación de la tortura, seguramente en la Escuela de las Américas, USARSA, situada en la zona del canal de Panamá o en otros lugares, o bien con personas de Brasil o Uruguay, países regidos también por entonces por brutales dictaduras militares.

Los métodos de tortura descritos en las primeras reseñas hechas por el COPACHI, Comité de Cooperación para la Paz Chile (11 de septiembre-fines de octubre de 1973) son los siguientes:

Toturas fisicas:

·Aplicación de electricidad en diversas partes del cuerpo, preferentemente en encías, genitales y ano.
·Golpes.
·Ojos tapados o encapuchamiento.
·Quemaduras con ácidos o cigarrillos.
·Inmersión en petróleo o agua.
·Flagelación indeterminada.
·Calabozo insalubre o con insectos.
·Obligación de desarrollar o presenciar actividades sexuales.[62]
· Revolconces en piedras.
· Obligacón de presenciar torturas.
· Ingestión de excrementos.
· Potro.
· Colgamiento por el cuello.
· Falta de agua por una semana.
· Fractura deliberada en un brazo lesionado.
· Lanzamiento al vacío con ojos vendados.
· Yatagán en las uñas.
· Cortes en las manos.
· Desnudamiento al sol.
· No identificada (provoco muerte).

Torturas psicológias:

· Amedrentamiento con alusión a familiares.
· Simulacro de fusilantiunto.
· Simulacro de atropello.

31 de octubre-31 de diciembre de 1973:

Torturas fisicas:


· Electricidad.
· Golpes.
· Ojos tapados o encapuchiamento.
· Quemaduras con acido o cigarrillos (provocó muerte).
· Flagelación indeterminada.
· Extirpación de testículos (condujo a muerte).
· Hundimiento de cráneo, con pérdida de masa encefálica (muerte).
· Obligacíon de presenciar flagelaciones
· Baños de aotia fría (provocó muerte).
· Disparos de fusil junto a oídos.
· Asfíxia (provocó muerte).
· Extracción de uñas.
· Fractura de brazo.

Tortiiras psicológicas:

· Amedrentamiento con alusión a familiares.
· Fotografía en posiciones obscenas.[63]
· Simulacro de violación a mujeres.
· Simulacro de fusilamiento.


Período aproximado 1 de enero-11 de marzo de 1974:

Torturas fisicas:

· Electricidad.
· Golpes.
· Ojos vendados o encapuchamiento.
· Quemaduras con ácido o cigarrillos.
· Torturas indeterminadas.
· Potro.
· Colgamiento.
· Presenciar torturas.
· Pinchazos.
· Arrastramiento por el suelo.
· Amarrado desnudo a una silla por dos días.
· Pihuelo (Pau de Arara, colgamiento de pies y manos).


Torturas psicológicas:

· Simulacro de fusilamiento.

Algunas consecuencias dctectadas:

· Insomnios. dolores de cabeza y vista, fallos reiterados de memoria.
· Síntomas repetidos de aborto.
· Fractura de costilla, lesiones internas, fractura de extremidades.
· Traumatismo encefalocraneano, costillas hundidas y pelvis quebrada.
· Edema pulmonar, hematomas en tórax.
· Hombro desgarrado.
· Manos quemadas.
· Mandíbulas destrozadas.
· Piernas con heridas perforantes.
· Lesiones graves en extremidad.
· Serios problemas emocionales. [64]


Referencias a algunos casos denunciados en el COPACHI de personas muertas a consecuencia de las torturas con lesiones detectadas:

1. Golpes, muerto por asfixia-Recinto de Investigaciones.

2. Golpes, electricidad-Muerte atribuida a la Ley de Fuga.

3. Golpes, electricidad, extirpación de testículos - Encontrado en Instituto Médico Legal.

4. Cráneo hundido, extracción de uñas, brazo fracturado- Encontrado en Instituto Médico Legal.

5. Ausencia de masa encefálica, cráneo destrozado-Encontrado en Instituto Médico Legal.

6. Golpes, quemaduras en genitales-Encontrado en Instituto Médico Legal.

7. Golpes en todo el cuerpo-Encontrado en Rio Mapocho.

8. Piernas fracturadas, quemaduras en genitales-Tejas Verdes.

9. Golpes repetidos hasta causar la muerte-Petorca.

10. Golpes, inmersión en agua fría-Estadio Chile.

Visita de la Comisión de la OEA (julio de 1974). Anexo Capuchinos.

«Había 167 detenidos: 95 de ellos eran miembros de las Fuerzas Armadas. De los 95, 30 eran oficiales de varios rangos» (...) «Se transcriben algunas de las notas tomadas...».

- Detenido en octubre de 1973; estuvo preso en cuarteles unos diez meses (durante cinco de ellos permaneció en un pequeño recinto donde no había siquiera lugar para dormir en el suelo).

- Fue detenido hacia fines de octubre de 1973 bajo sospecha de tomar parte en reuniones políticas... Dice que fue golpeado fuertemente durante los interrogatorios, que sufrió la parálisis completa del lado izquierdo, cuyo uso ha recobrado, pero todavía padece secuelas muy molestas; en especial no puede leer más de una hora. Se le obligó a permanecer en pie durante dos días enteros.

- Fue detenido a comienzos de marzo de 1974, imputándo sele haber participado en reuniones políticas. Durante los diez primeros días de detención fue torturado repetidamente con des cargas eléctricas en todo el cuerpo. Los cinco primeros días estuvo permanentemente con los ojos tapados y encapuchado.

- Condenado a tres años de prisión por supuestas conversaciones con otras dos personas en una célula comunista. Durante interrogatorios fue golpeado y se le tuvo con los ojos tapados rgo tiempo.

- Detenido en noviembre de 1973. Fue torturado con aplica n de corriente, golpes con palos, hierros, palmasos. Estuvo cinco tese incomunicado, en un nicho muy pequeño.

- «Fui detenido en septiembre de 1973 y llevado a la Acade de Guerra Aérea. Allí permanecí dos días en pie. Encapucha fui interrogado y torturado. Se me aplicó corriente eléctrica en genitales, boca, oídos, recibí golpes, fui amarrado en una espe de parrilla. Tengo marcas de las torturas. Estuve incomunicado y cinco días con un centinela de guardia con armamento atomático. A uno de los centinelas se le escapó un tiro y mató uno de los detenidos.»

- Ha sido flagelado, muestra marcas, tiene tres costillas rotas consecuencia de los golpes y torturas. Torturas también en ma ros, pies, boca y dentadura. Dice que fue torturado en Tejas Verdes y en otro lugar que no reconoció, en el que estuvo vendado durante nueve días y fue nuevamente torturado con corriente en los oídos, pies y manos. Estuvo dos meses a pan y agua, fue torturado en nueve partes diferentes. Una de ellas fue en el barco «Lebu», en Valparaíso; en una ocasión se le aplicó un liquido negro por la nariz.

Expresaron que las torturas habían sido sistemáticas, el uso de capuchón por largos períodos y siempre durante el interroga torio; los golpes, puntapiés y culatazos; el verse obligado a perma necer en pie días enteros; largos períodos sin nada de beber hasta cuarenta y ocho horas, descargas eléctricas, amenazas de torturas a esposas y niños en presencia del prisionero, permanecer colgados de las manos atadas.

- «Yo llegué el día 1 de febrero al Regimiento Tacna, y el 8 fui trasladado a la Academia de Guerra Aérea. Allí permanecí hasta el 3 de abril, en que me devolvieron al Tacna. Es decir, prácticamente durante dos meses, tres días menos, estuve absolu tamente incomunicado, la mayor parte del tiempo con la vista tapa da. Yo fui torturado más o menos de la siguiente manera: se me desnudó totalmente, me pusieron una tela plástica, una en cada rodilla, otra en cada muñeca y otra en cada codo; en seguida se me hizo ponerme de cuclillas. Perdóneme que lo explique prácti camente, pero lo van a entender mucho mejor, o sea, sentado en este sentido, poner las manos aquí, amarradas, y en seguida por aquí me metieron un palo; entonces lo levantan a uno y lo cuelgan [66]

[65] Referencias a algunos casos denunciados en el COPACHT de personas muertas a consecuencia de las torturas con lesiones detectadas:

1. Golpes, muerto por asfixia- Recinto de Investigaciones.

2. Golpes, electricidad-Muerte atribuida a la Ley de Fuga.

3. Golpes, electricidad, extirpación de testículos - Encon trado en Instituto Médico Legal.

4. Cráneo hundido, extraccion de uñas, brazo fracturado- Encontrado en Instituto Médico Legal.

5. Ausencia de masa encefálica, cráneo destrozado - Encon trado en Instituto Médico Legal.

6. Golpes, quemaduras en genitales - Encontrado en Insti tuto Médico Legal.

7. Golpes en todo el cuerpo - Encontrado en Rio Mapocho.

8. Piernas fracturadas, quemaduras en genitales - Tejas Verdes.

9. Golpes repetidos hasta causar la muerte - Petorca.

l0. Golpes, inmersión en agua fría - Estadio Chile.

Visita de la Comisión de la OEA (julio de 1974). Anexo Capuchinos.

- «Había 167 detenidos: 95 de ellos eran miembros de las Fuerzas Armadas. De los 95, 30 eran oficiales de varios rangos» (...) «Se transcriben algunas de las notas tomadas...».

- Detenido en octubre de 1973; estuvo preso en cuarteles unos diez meses (durante cinco de ellos permaneció en un pequeño recinto donde no había siquiera lugar para dormir en el suelo).

- Fue detenido hacia fines de octubre de 1973 bajo sospecha de tomar parte en reuniones políticas... Dice que fue golpeado fuertemente durante los interrogatorios, que sufrió la parálisis completa del lado izquierdo, cuyo uso ha recobrado, pero todavía padece secuelas muy molestas; en especial no puede leer más de una hora. Se le obligó a permanecer en pie durante dos días enteros.

- Fue detenido a comienzos de marzo de 1974, imputándo sele haber participado en reuniones políticas. Durante los diez primeros días de detención fue torturado repetidamente con des cargas eléctricas en todo el cuerpo. Los cinco primeros días estuvo permanentemente con los ojos tapados y encapuchado. [64]

- Condenado a tres años de prisión por supuestas conversa ciones con otras dos personas en una célula comunista. Durante los interrogatorios fue golpeado y se le tuvo con los ojos tapados largo tiempo.

- Detenido en noviembre de 1973. Fue torturado con aplica ción de corriente, golpes con palos, hierros, palmasos. Estuvo cinco mese incomunicado, en un nicho muy pequeño.

- «Fui detenido en septiembre de 1973 y llevado a la Acade mia de Guerra Aérea. Allí permanecí dos días en pie. Encapucha do, fui interrogado y torturado. Se me aplicó corriente eléctrica en genitales, boca, oídos, recibí golpes, fui amarrado en una espe cie de parrilla. Tengo marcas de las torturas. Estuve incomunicado cuarenta y cinco días con un centinela de guardia con armamento automático. A uno de los centinelas se le escapó un tiro y mató a uno de los detenidos.»

- Ha sido flagelado, muestra marcas, tiene tres costillas rotas a consecuencia de los golpes y torturas. Torturas también en ma nos, pies, boca y dentadura. Dice que fue torturado en Tejas Verdes y en otro lugar que no reconoció, en el que estuvo vendado durante nueve días y fue nuevamente torturado con corriente eléctrica en los oídos, pies y manos. Estuvo dos meses a pan y agua, fue torturado en nueve partes diferentes. Una de ellas fue en el barco «Lebu», en Valparaíso; en una ocasión se le aplicó un líquido negro por la nariz.

Expresaron que las torturas habían sido sistemáticas, el uso de capuchón por largos períodos y siempre durante el interroga torio; los golpes, puntapiés y culatazos; el verse obligado a perma necer en pie días enteros; largos períodos sin nada de beber hasta cuarenta y ocho horas, descargas eléctricas, amenazas de torturas a esposas y niños en presencia del prisionero, permanecer colgados de las manos atadas.

- «Yo llegué el día 1 de febrero al Regimiento Tacna, y el 8 fui trasladado a la Academia de Guerra Aérea. Allí permanecí basta el 3 de abril, en que me devolvieron al Tacna. Es decir, prácticamente durante dos meses, tres días menos, estuve absolu tamente incomunicado, la mayor parte del tiempo con la vista tapa da. Yo fui torturado más o menos de la siguiente manera: se me desnudó totalmente, me pusieron una tela plástica, una en cada rodilla, otra en cada muñeca y otra en cada codo; en seguida se me hizo ponerme de cuclillas. Perdóneme que lo explique prácticamente, pero lo van a entender mucho mejor, o sea, sentado en este sentido, poner las manos aquí, amarradas, y en seguida por aquí me metieron un palo; entonces lo levantan a uno y lo cuelgan [66]en dos especies de caballetes o banquetas, dc tal modo que cuando uno respira un poco, con la pura respiración, tiende a moverse, porque se produce un desequilibrio, tiende el cuerpo a balancearse; cuando se produce esto, a raíz que uno esta resistiendo todo el peso del cuerpo sobre las muñecas (y a eso van las telas plastificadas). Este dedo me quedó durante unos veinte días después de las torturas absolutamente inmovilizado, y hasta el día de hoy be perdido totalmente la sensibilidad de toda esta parre; no siento nada, absolutamente nada, me quedó absolutamente insensible; pero todo esto va acompañado de la conexión del magneto en el pene, en la cabeza del pene. Todavía lo tengo lastimado.. - Entonces todo esto mientras estaba colgado, y naturalmente las descargas eléctricas. Yo debo decirle que reconozco perfectamente no obstante que estaba con la vista tapada, reconozco perfectamente por la voz al coronel de la Fuerza Aérea, quien me vendó es el teniente García Huidobro, y uno de los otros dos interrogadores es un comandante de apellido Barabona. Yo le puedo decir, y responsablemente, que en todo caso las torturas que a mí me hicieron son bastante menores que las que se le hicieron a otras personas.»

-- «Cuando yo fui detenido, se me llevó a Investigaciones, y quiero denunciar en esta oportunidad el sistema que se utilizaba para interrogar a los detenidos, que rotando deben haber sido aproximadamente entre unos 100 y 120 personas.las que estaban permanentemente detenidas en los calabozos de Investigaciones. Se me sacó del calabozo vendado y maniatado a la espalda. Este local tiene desde los calabozos tres o cuatro peldaños que hay que bajar y después otros cuatro o cinco que hay que subir para llevar lo al segundo piso, que es el local para el interrogatorio. Empezaba el quebrantamiento del detenido, dándole al bajar los escalones cegado y maniatado una palmada en la cara a la altura del oído, de manera que uno perdía el equilibrio y rodaba por las escaleras. De esta forma lo conducían al segundo piso y allí empezaba entonces un tratamiento a golpes en el estómago, frente a cualquier pregunta. No interesa la respuesta porque cualquiera que fuera ésta, inmediatamente venia el golpe al estómago, y esto se repetía hasta que uno caía varias veces al suelo, y en seguida era conducido a otra sala y se le obligaba a desnudarse y pretextando la lentitud de los movimientos del detenido, su ropa era arrancada a tirones. Una vez desnudo se procedía entonces a continuar con el tratamiento a golpes. Cada individuo que pasaba era golpeado con los tacones en los pies (pisado fuertemente). Allí, estando desnudo, se procedía a la aplicación de corriente, y en mi caso personal no puedo decir otra cosa qtie, en términos brutales, se me aplicó [67] corriente en el pene, en los testículos, en el ano, en la boca, en la nariz y en las sienes simultáneamente... Se le impide beber al detenido, de manera que durante los cinco días que duró este interrogatorio bajo este mismo sistema varias veces al día yo perdí la noción y no puedo precisar si me interrogaban unas dos, tres o cuatro veces al día, porque no me daba cuenta ya si era de día o de noche, porque además cuando volvía a la celda ya se había repartido la comida.

»En consecuencia, yo no comía ni bebía agua, caía en estado de inconsciencia y, naturalmente, no veía otra salida realmente más que la muerte.»

En el período enero-junio 1974 pueden dístinguirse dos etapas claramente. En el primer trimestre se sigue deteniendo en forma masiva e indiscriminada, siendo miembros regulares de las Fuerzas Armadas quienes efectóan las detenciones. En el segundo trimestre se inicia la participación de los aparatos de seguridad. Las detenciones se hacen selectivas a dirigentes políticos y sindicales, dirigiéndose a desarmar tanto las organizaciones de trabajadores como los partidos políticos que inician la resistencia.

En el segundo semestre de 1974, las detenciones aumentan en el mes de agosto, reactívándose las detenciones masivas, con el propósito presumible de asegurar la tranquilidad ante la cercanía del primer aniversario del Gobierno Militar.

En el primer semestre de 1975, el total de detenidos debe llegar por lo menos a 800 personas.

Desde que termina la fase de arrestos masivos e indiscriminados, las detenciones de personas son practicadas, de preferencia y separadamente, por miembros de la DINA y el SIFA.

Las detenciones están dirigidas en contra de sospechosos de pertenecer a alguno de los partidos políticos declarados fuera de la ley, incluidas también las personas que, se supone, ocultan a algunos de sus militantes, que tienen información sobre sus actividades o simplemente poseen relaciones familiares, de amistad o son simples conocidos de los buscados.

El SIFA secuestra selectivamente a militantes de los partidos <'e izquierda, especialmente del MIR. Sus prácticas de tortura y de interrogatorio se describen más adelante.

Debido a la actuación de este servicio se plantean desacuerdos entre la DINA y el SIFA. «En julio de 1974, el SIFA propone al MIR, a través de intermediarios, la realización de conversaciones de paz. Concretamente le propone dejar en libertad a los detenidos del MIR con la condición de que abandonen el país, a cambio de la entrega de las armas que el NIIR posee y de la seguridad de que [68] éste no realice actividades contrarias al Gobierno Militar durante tres años. Ante el fracaso de las conversaciones, la DINA pro pone al Gobierno hacerse cargo en forma exclusiva del MIR.

»Ante el rechazo del MIR a las condiciones propuestas por el SIFA, éste se lanza a una persecución sin cuartel contra dicha organización. Entre septiembre y diciembre de 1974 la prensa da cuenta mensualmente de por lo menos dos o tres enfrentamientos callejeros entre los servicios de Inteligencia y el MIR o de deten ciones de dirigentes. De esta forma el SIFA logra detener o dar muerte a dirigentes del MIR, cosa que no hace la DINA, la que detiene, en general, sólo a militantes de menos relevancia o con menor informacion. »


Testimonio de estancia en Telas Verdes (Extracto).


«Hasta ese momento no podía precisar dónde estaba. Sólo percibía delante esos tablones grandes. Luego nos llamaron y separaron por grupos, asignado a cada grupo una cabaña o mediagua de unos cuatro por tres metros. Yo quedé en uno integrado por ocho personas. A las dos horas de estar en la cabaña, cuando oscurecía, pasaron unos militares dándonos una manta por cada detenido. Uno de los militares sugirió que nos entregaran más mantas, porque hacía mucho frío, y el otro contestó: "Deja que se mueran estos conchas de su madre." Se fueron. Permanecimos en silencio un buen rato. De pronto se abrió la puerta y un guardia nos nombró ordenándonos salir de la cabaña. Acto seguido nos hicieron formar en fila india, tocando con la mano el hombro del que nos antecedía. Tiritábamos de frío. Comenzaron las burlas y bromas a costa nuestra. Aprovechándose de que no veíamos, nos hacían saltar, correr o reptar por el suelo con distintos pretextos, a saber: que había un hoyo, que el campo estaba minado o que había una alambrada electrificada. Terminada esta "fase" nos hicieron subir a un camión y sobre la venda que nos cubría la vista nos pusieron una capucha amarrada al cuello. En el vehículo dimos vuelta por el mismo lugar hasta que en cierto momento seguimos por otro camino. Después de largo rato - una hora más o menos - el camión se detuvo y quienes nos custodiaban nos hicieron bajar. De espaldas al vehículo comenzaron a golpearme (con puñetazos, puntapiés, etc.), a la vez que decían: "Tú eres dirigente sindical, ahora vamos a ver; ya, camina para adentro." No dejaba de llamarme la atención el odio visceral, inconcebible, de nuestros guardianes, lo que se notaba en cada detalle. En el pasillo, por ejemplo, nos indi caban seguir en cierta dirección, y al cumplir la orden nos estre[69]llábamos contra el muro de cemento. En el trayecto por este lugar había una parte con agua en el suelo, agua que caía en goterones desde arriba, dándole un siniestro sesgo a los hechos, porque daba la impresión de estar en algo así como un túnel o caverna. Posteriormente llegamos a un lugar más amplio, a juzgar por el eco que se producía con cualquier ruido. En este punto agredieron a otro compañero con violencia inusitada. Otro tanto hicieron conmigo. Caí al suelo y allí me daban puntapiés. Los guardianes sólo vociferaban, sin preguntar. Cuando ordenaron que me levantara, apenas pude hacerlo, pues aparte de tener la vista tapada tenía las uianos amarradas a la espalda. Me acercaron al lugar de donde provenía la voz y ordenaron que me desvistiera, desatando al efecto mis manos. Entonces preguntaron: "¿Tú has andado a caballo alguna vez? Porque ahora vas a tener oportunidad de hacerlo." Ya desnudo, uno dijo: "Ahora te vamos a poner en el potro, ya que no quieres hablar. Aquí hablan hasta los mudos." Me hicieron tender sobre una especie de tronco con las piernas abiertas y los brazos torcidos hacia atrás, quedando atado por esas extremidades a las patas del implemento, en forma tal que apenas podía mover la cabeza. Tal era el llamado "potro", un caballete al cual quedaba atado en la forma descrita. Estando así me colocaron corriente én diferentes partes del cuerpo, incluso en el pene. En seguida me dijeron que explicara todo lo que supiera "sobre las armas de la industria, de dónde las sacábamos, dónde estaban", etc. Respondí que de armas no tenía la menor idea. Entonces me aplicaron corriente por un largo rato. No perdí el conocimiento, pero quedé muy mal. Hasta recibí electricidad en la boca, cerca de la garganta. Creí que iba a morir. Luego amenazaron con aplicarme elec tricidad cerca del corazón hasta dejarme sin vida. Insistían una y otra vez en las armas. En cierto momento trajeron a... El dijo: "Compadre, discúlpeme; tuve que decir lo que habíamos hecho, pero lo hice porque ya no resistí más y estoy medio muerto." Saqué fuerzas de flaqueza y le respondí: "Entonces, pues dile que yo no he tenido nada que ver con esto, tú sabes." Uno de los agentes me hizo callar e insultó y me propinó un golpe en la boca, al parecer con un laque de goma. Se llevaron a..., reanudándose el tormento y la misma historia; las armas, los dirigentes sindica les, etc. Como yo gritaba de dolor y decía: "Dios mío, Dios mio", el interrogador dijo: "Cállate, marxista, tal por cual, porque tú no crees en Dios, nosotros sí creemos." Y añadió: "Ya me aburrió esta huevada; quémenle una pata." Uno de los guardias cumplió eficazmente la orden aplicándome electricidad en el empeine del pie derecho. El interrogador seguía amenazándome y diciéndome [70] que debía hablar o de lo contrario me torturaría hasta la muerte, y de paso observaba: "Aunque matarte sería darte un premio; por eso te vamos a matar, pero de a poquito." Con desesperación repli qué: «Pero ¿qué quiere que le diga?; dígame, ¿qué quiere que le conteste? Usted me preguntó si yo era dirigente sindical, le contesté que sí, también le dije que era comunista. Ahora, ¿qué quiere que le diga?" Mis protestas fueron rechazadas; querían encontrar armas; una y otra vez insistían sobre las inexistentes armas, quizá para hallar una justificación a toda su crueldad. La tortura con aplicación de electricidad y golpes -una de cuyas variantes consistía en darme con una cachiporra de goma en los testículos- se prolongó durante horas. Una y otra vez manifesté a gritos que nada sabía de armas y jamás había tomado una. De improviso el interrogador ordenó: "Desátenlo, lo vamos a fusilar." Sin las cuerdas, caí al suelo, sin poder levantarme. Era un trapo, no podía sostenerme. Los guardias, siguiendo su natural "inclinación", la emprendieron a puntapiés conmigo. Como pude, al cabo de un rato, me fui vistiendo en el suelo, húmedo de sangre que no era sólo mía. Un zapato me cupo sin cordones, pero el otro, el del pie derecho, no entraba en forma alguna, a causa de la hinchazón creciente provocada por la quemadura. Semivestido, fui tomado por dos guardias y conducido a un cuarto donde había papeles o cartones sobre el suelo. Allí me tiraron. Al ser tomado, uno de los agentes me dijo algo así: "Ya, pues, cabrito, ¿Por qué no hablas? El pobre..., está jodido; perdió un brazo y a lo mejor va a perder el otro." Y agregó: "Oye, ¿tú fuiste a Cuba?" A lo que nuevamente contesté negativamente, ajustándome a la verdad. Esta pregunta la hizo tres o cuatro veces. Tenía mucha sed. Noté que pasaban ratas sobre mi cuerpo. Me quejaba continuamente. Pedí agua y un guardia la negó aduciendo que podía hacerme mal por la electricidad recibida. Estuve allí un largo rato. Creo que al amanecer del tercer día -18 de enero de 1974- me sacaron de esa pieza entre dos guardias. Al cruzar la puerta fui golpeado otra vez, pese a mi estado. No sé si observé o más bien pensé en el odio que revelaba su actuación. ¿Por qué tanto odio? Continuó la pali za mientras me decían que la merecía por ser dirigente sindical, por ser comunista. Llevado al camión donde estaba ya - -., volvieron a agredirme hasta antes de hacerme subir. Uno de los agresores decía: "Esto es para que te acuerdes de mí." Ya en el vehículo nos trasladaron a la cabaña.

»Alli no podía sentarme, ni acostarme, ni estar en pie, ni descansar en forma alguna, pues en todo el cuerpo sentía un dolor intenso, particularmente en la columna vertebral y en toda la [71] espalda, en el pie que tenía quemado y en los testículos. Cuando me lanzaron en la pieza los guardias advirtieron a los demás detenidos: "Lo que le pasó a éste por no hablar; cuando los lleven a ustedes, no sean tontos y digan lo que les pregunten." No sé cuántas horas pasaron. Recuerdo haber escuchado en algún instante voces de mujer. Una decía: "Se pasaron, mira cómo lo dejaron" y oi un sollozo. La misma u otra preguntó qué había pasado. "Aquí me sacaron para un interrogatorio , conteste apenas sin poder moverme del suelo. "¿Y en el pie qué te pasó?", volvió a preguntar la joven. "Me quemaron - le dije -, con corriente." En seguida preguntaron 'qué tenía, qué me dolía...». Les respondí "que todo el cuerpo, que no podía estar en pie ni moverme". La que se dirigía a mí me dio una pastilla, dipirona o algo así, para el dolor. Me aconsejaron que me tratara de poner en la forma que mejor pudiera e intentara dormir y se fueron. Más tarde habría de verlas nuevamente,y supe que eran enfermeras militares. Gran parte del día y de la' noche siguiente estuve allí, sin apenas moverme, hasta que me volvieron a llamar para un nuevo interrogatorio. Fui conducido al mismo recinto donde antes había sido torturado. Para variar, me golpearon a la bajada del camión. Ya en el "local" debí tomar asiento y un guardia explico "Estate tranquilo, no te vamos a golpear recuerda todo lo que tu ibas a hacer el 18 de septiembre Luego agrego "¿Por que tú te acuerdas de lo que ibas a hacer ese dia?" Extrañado conteste: "Bueno, ese día yo iba a ir a la plaza de Armas al tedéum, para ir luego a la casa de mi suegra, cuyo cumpleaños es ese día." El guardia objetó: "Oye, ésa no es la cuestion, así que recuerda bien y yo más ratito voy a venir." Allí quede solo con el "enigma". Me puse a recordar: por esos días íbamos a inaugurar el casino para todos los trabajadores, y realizaríamos diversos actos vinculados con esa inauguración. Esperé entonces tranquilo. Al cabo de un rato me llamaron. El que hacía de jefe dijo: "Bueno, ya, qué íba mos a hacer el 18." Le informé precisamente de todo lo que había recordado. Inmediatamente el sujeto gritó "Eso no es, conchí de tu madre", y me dio un puntapie en el estomago lanzandome al suelo, donde continuó la agresion junto a los otros guardias. Yo estaba con las manos amarradas. Sarcásticamente decían: "Este nos va a salir con que quiere ir al cumpleaños de la abuelita." El jefe intervino para ordenar: "Vamos al potro otra vez este no quiere hablar; es tonto, le gusta que le peguen." Volvieron a repetirse las escenas y las situaciones va descritas, ahora con otras preguntas. Querían los nombres de todos los compañeros que iban a participar en el llamado "Plan Z", "cuáles eran los jefes de los [72] grupos paramilitares y cuál era mi papel", a la vez que manifestaban saber que yo era el jefe de uno de esos grupos; que había sostenido reuniones con Luis Corvalán, Carlos Altamirano, los Palestro, etc. "Ustedes - añadieron - se reunían en la industria. Palestro iba a repartir las armas y después iban a ir al Parque a dispararles a los militares cuando pasaran en la parada militar." Ante el cúmulo de disparates no pude menos de manifestar mi sorpresa, diciéndoles que no comprendía de dónde podían haber sacado tan burda información y que yo sólo era un obrero y no conocía personalmente a Corvalán, ni a Altamirano, ni a los otros. Advierto aquí que mis explicaciones y respuestas eran rechazadas. Así si yo decía no conocer a los Palestro, el interrogador ordenaba a quien tomaba nota: "Ya, dalo por reconocido", y formulaban otra pregunta. Me formé la impresión de que la tortura era una especie de pasatiempo para esta gente. Evidentemente, nada con seguían o nada podían conseguir fuera de "confesiones" absurdas y el mismo interrogatorio carecía de toda lógica o sentido, como no fuera el siniestro sentido de la represión. Ya extenuado, me sacaron del potro y volví a caer. A puntapiés me hicieron levantarme, aduciendo "que estaba mejor que el día anterior". Llevado a un cuartucho, me aprisionaron la cabeza en un cajón como estaba, con los ojos vendados y la capucha puesta - y después de un rato me sacaron y llevaron a otro cuarto, donde había otros detenidos. Me sentía muy mal y pensaba en la muerte como en un alivio. Pasó por mi mente la idea del suicidio. No pude ver a los detenidos que allí había. Rato después se abrió la puerta y me tomaron de la capucha diciendo: «A ver, tú, ven p'acá, concha de tu madre; aquí vas a tener que hablar unas cositas que se te olvidaron." Y otro sujeto, a quien no veía, al parecer de grado superior, probablemente oficial, señaló: "Aquí tienes otras acusaciones más, pues hombre, porque el ... dijo que tú ibas a entrenamiento de armas y defensa personal." Respondí: "Mire, señor, quiero pedirle que no me cargue ninguna cosa más sobre mis espaldas, por favor." El oficial dijo: "Llévenselo ya." Volví a las cabañas en pleno día 19, si mi recuerdo es exacto.

»El 20 o el 21 de enero de 1974 fui de nuevo torturado, esta vez en la "cama elástica": amarrado a ella de brazos y piernas, comenzaron a estirarme. Mientras padecía este tormento, escuché llantos y quejidos de mujeres, incluida una de edad, a quien hicieron llegar hasta donde estaba yo, en esa sala de tortura, de noche. A la anciana le explicaron que yo "estaba listo para la foto", que me iban a matar porque no había querido hablar, y le aconsejaron que dijera todo cuanto sabia. "Estirado" y golpeado, me soltaron [73] de pronto el brazo derecho y sentí que me ponían una inyección; casi inmediatamente comencé a sentir sueño y al mismo tiempo escuché que uno de los guardianes me preguntaba el nombre. Le 'contesté y perdí la noción de las cosas. No sé cuánto tiempo pasó hasta que empecé a recobrar la conciencia. En sueños escuchaba una voz que hablaba de armas e insistía en esto ( ¡qué armas!, ¡cuántas! ) una y otra vez. Seminconsciente, yo manifestaba no saber, pero ellos buscaban otra "fórmula": "¿Así que te llevaste las armas donde tu cuñado?" Probablemente yo lo había nombrado mientras estaba completamente inconsciente y por eso lanzaban o anticipaban tal "conclusión". Ya algo más repuesto, expliqué quién era mi cuñado y cómo gracias a él mi familia pudo subsistir cuando no teníamos que comer. '¿Y tu mujer? - amenazaron -, porque la vamos a traer también, ¿qué papel desempeñaba en el Partido?" Enérgicamente, pese a mi estado, les respondí que a esa mujer no la tocaran porque para mí era sagrada y precisé que en mi casa sólo yo había tenido participación política. Después me sacaron de la cama elástica, conduciéndome de vuelta a la cabaña con los otros detenidos.

»En los días siguientes permanecí en las cabañas, donde estuve sin ser torturado hasta cumplirse, más o menos, el décimo día de mi detención. Siempre estábamos con los ojos vendados. Una vez al día comíamos; el plato, de aluminio, nos lo dejaban en el suelo, indicándonos dónde quedaba, pues no nos quitaban la venda. También una vez al día nos trasladaban al servicio, y aun en esa unica ocasión nos apremiaban: "Tres tiempos para ir y volver, ya, uno, dos, tres, p'adentro." Así empezaban a veces antes de que uno saliera de la cabaña y nos hacían regresar a ésta sin que hubiéramos alcanzado.a llegar a los servicios. El décimo día de detención, que fue bastanie caluroso, se hizo presente en el recinto un oficial de uniforme alto, obeso, con lentes, de tez clara, más o menos rubio, acompañado por otro oficial que llevaba una carpeta. Pude verlos porque ordenaron que nos quitaran la venda que nos cubría los ojos.

»En este punto cabe precisar algunas cuestiones: la inyección que me aplicaron fue de pentotal, según lo comentaron otros detenidos que habían sido sometidos a similar tratamiento. Ya en esta época y el mismo día que nos sacaron al aire libre supimos y nos dimos cuenta que estábamos en Tejas Verdes.

»Comenzó entonces nuestra vida rutinaria de "prisioneros de guerra"; era, según el comandante del campo, nuestra situación. En la primera formación, estando sin venda, esta "autoridad" nos manifestó que quien pretendiera huir sería ametrallado sin contem[74]placiones. En el mismo acto hizo una llamada a la delación. "El que sepa algo, que lo diga; nosotros "uardaremus su nombre; sera por el bien de ustedes mismos." El régimen y las condiciones vigentes eran más o menos éstas: nos hacían levantar a las seis de la mañana y luego correr por el patio. Mi estado físico me impidió por algunos días hacer los ejercicios exigidos y tomar parte en los trabajos forzados, entre los cuales era habitual el de trasladar una y varias veces a cierta distancia, por ejemplo, 20 ó 30 metros, las moles, vigas y estructuras de hierro que los ingenieros militares usan para armar puentes. En ese tiempo fui designado "enfermero" de mi cabaña con la función, igual para las demás cabañas, de llevar y servir el almuerzo a los torturados que solían llegar en condiciones indescriptibles. Las enfermeras del Ejército pasaban someramente día por medio y me entregaban algunas tabletas, generalmente para calmar los dolores de la tortura. El régimen de comidas era malísimo: un té de la peor calidad y un pan por la mañana y un cucharón de comida y un pan al almuerzo. Así y todo, los detenidos se atropellaban a veces para obtener su ración, pues era frecuente que no alcanzara para todos. Sabiendo esto, nuestros guardianes tiraban la comida que les sobraba a ellos - muy superior desde luego en calidad - delante de nosotros. El modo de vida era "militar", con ejercicios, marchas, gimnasia, a cargo de un oficial que normalmente era rotado o cambiado cada cuatro días; se trataba de oficiales muy jóvenes, probablemente recién ingresados. Un día por la tarde, uno de estos oficiales me preguntó por el estado de mi pie; le contestó qtie estaba bien, pensando quizá que la pregunta iba de buena fe o que una respuesta en otro sentido podía perjudicar mi salida en libertad. Ese mismo día cuando nos encerraron en las cabañas, más o menos a las 20,00 horas, fui llamado y conducido solo, con los ojos vendados y capucha, a la casa de torturas. Al llegar me hicieron bajar en las condiciones mas de una vez descritas: a golpes. Me trasladaron a una pieza, y un militar y uno de los guardias ordenó que me pusiera en cuclillas. Al hacer esto escuché que otro comentaba: "Oye, parece que está bien del pie." Estuve en rato así y luego fui amarrado a una silla. En seguida empezaron a darme latigazos, en las piernas, en la cara, donde cayera, sin preguntar nada. Uno de los que me golpeaba acotó: "Bien, ya está bueno; ahora nos tenéis que decir dónde están las armas." Otra vez volvían a su tema predilecto e inútil, y otra vez reiteré mi ignorancia.

»Los días sigtiientes transcurrieron sin mayores incidentes. Una noche, no puedo precisar cuál, pero creo que en febrero, llegó un detenido qtie había sido sacado al "Cantagallo", denominación [75] dada por los torturadores al recinto donde éramos apremiados física y psicológicamente. Se trataba de un muchacho que regresó muy mal herido de la tortura, con restos de excremento en la boca. Una y otra vez, en su agonía, nombraba a su madre. Parece que este joven trabajaba en electricidad o electrónica, como técnico en radio o algo así. A eso de las tres de la mañana, cuando dormíamos, nos despertó otro joven diciendo: "Oye, este cabrito está muerto", y al instante salió a la puerta con un pañuelo blanco para que no le disparasen y llamó a los guardias. Estos llegaron inme diatamente y preguntaron qué pasaba. El joven que nos había despertado les avisó que había un muerto. Los guardias conforme a su criterio habitual le dijeron que "estaba tonto" y "no podía decir eso"..., y en el acto tomaron una manta y sacaron al muchacho, que yacía inerte. Al día siguiente de ocurrido este hecho debimos permanecer dentro de las cabañas sin poder salir al patio. En la noche siguiente, cuando todos dormían, como a la una de la mañana, personal militar nos ordenó salir de la cabaña. En el patio fuimos separados, quedando a varios metros de distancia uno del otro. Después nos reunieron dejándonos sentados junto al fogón donde se calentaba la comida, con advertencia de que ya nos iban a llamar. Allí estuvimos por varias horas. Luego, antes de que amaneciera, nos llevaron a una tienda donde había un oficial superior o de mayor graduación, moreno, con bigotes, de regular estatura, más bien gordo. Allí nos interrogaron separadamente, Cuan do me tocó el turno, el oficial me preguntó qué sabía yo de lo sucedido. Me limité a contarle precisamente lo que sabía, teniendo, cuidado de no "ponerle demasiado color". Luego me pregunto como me habían tratado. En vista de las circunstancias le dije que bien" y expresé mi gratitud hacia las enfermeras que me habían ayudado a sanar del pie y de mis dolencias, todo esto tratando de desviar el tema. Momentos antes del amanecer nos trasladaron a la cabaña.

»En marzo comenzaron a irse los detenidos. Quedábamos los cinco de nuestra cabaña... y en otra quedaban cuatro más...

»Continuamos en Tejas Verdes durante un tiempo más después del último interrogatorio. Nos inquietaba ver cómo todos los dete nidos se iban: en todo caso ignorábamos dónde eran conducidos. El comandante del campo, el nombrado Carriel (?) - tipo "bona chón", corpulento, trato afable con quienes quería, tez clara, semi rubio, de regular estatura-, nos llamó un día por la mañana y dijo que debíamos firmar una orden de libertad, que no era otra cosa que un formulario impreso a mimeófrago. Cuando nos llamaron firmamos el documento y tuvimos que esperar, con todas nuestras [76] pertenencias, cerca de un mesón que había en el patio del campo de concentración. Algo después llegó un camión y el comandante se despidió: "Baeno, niños, lo único que les deseo es que donde van, estén mejor que aquí; no les puedo decir más." Dos militares con metralletas nos hicieron subir al camión, mientras otro, tam bién armado, subía adelante. Iniciábamos así otro "viaje" con destino desconocido. Al cabo de media hora más o menos, el vehículo se detuvo y nos hicieron bajar, formándose los guardias en torno nuestro para impedir que cualquier persona se nos acercara: estábamos en San Antonio, en la puerta de la cárcel.»

Algunos testimonios de secuestro, interrogatorio y tortura en la Academia de Guerra Aérea, AGA, de la Fuerza Aérea


Roberto Moreno Burgos, treinta y ocho años. Economista, casado, dos hijos. Detenido el 27 de marzo de 1974.

«Todos fuimos conducidos posteriormente, atados y encapuchados, a los subterráneos de la Academia de Guerra Aérea... Fui llevado a las oficinas de los altos oficiales del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea y sometido a interrogatorios y torturas durante el resto de la noche. Mientras permanecí en dichas oficinas, las torturas consistían en aplicación de golpes en diferentes partes del cuerpo, preferentemente en los testículos, opresión manual de los mismos, perforación de la piel del pecho por medio de un punzón, torsión de las extremidades hasta el límite de la fractura y amenazas de diversos otros daños físicos. Fui trasladado a otra dependencia, obligado a desnudarme para ser colgado por las piernas, boca abajo aplicándome corriente eléctrica en los pies, testículos, pene, tetillas, axilas y rostro. Se me mantuvo cegado durante todo el tiempo y los interrogatorios se prolongaron durante varias semanas, aunque sólo a golpes y amenazas. A éstos se agregaron distintas formas de opresión, combinadas con intentos de inducirme a traicionar, corromper o sobornarme mediante ofre cimiento de liberarme en el país que quisiera junto a mi compañera y mis hijos.

»Las condiciones generales en que debí permanecer detenido son las mismas que sufrieron los procesados de la Causa Rol 84-74: Práctica incomunicación durante diez meses (prohibición de hablar o comunicarse con nadie); visitas familiares esporádicas y vinculadas en su realización a prácticas destinadas a quebrantar la moral de unos y otros; encierro casi permanente durante todo ese tiempo en una pieza de reducidas dimensiones; prohibición de leer diarios [77] o libros; obligación de permanecer cegados día y noche durante los cinco primeros meses de detención, etc.»

Sergio Santos Señoret, treinta y dos años, estudiante de Contabilidad:

«El sábado 1 de junio de 1974, cuando acompañaba a una ami ga en su vehículo a reunirse con otra persona por la calle Cuevas, fuimos embestidos repentinamente por un automóvil marca "MG" azul, en cuyo interior iban cuatro personas. Dentro de nuestra sorpresa, yo, que en ese momento iba al volante, puse marcha atrás para poder ver cuál había sido el daño que habían ocasionado al auto. En ese momento el chófer del "MG", sin mediar palabra, y ante nuestro asombro, comenzó a disparar. Frente a este hecho opté por arrancar. Fui perseguido cerca de diez cuadras bajo con tinuos disparos que nos hacían desde tres vehículos: camioneta C-10, "MG" y "Fiat" color crema. Finalmente, fuimos colisionados y lanzados contra una casa, donde se formó un gran revuelo. Esto fue en Tocornal con Marín. En el transcurso de la persecución fui alcanzado por una bala en la espalda, a la altura del hombro.

»Inmediatamente después del choque se abalanzaron por am bos del auto hombres de civil que portaban armas cortas. Sin mediar preguntas, fuimos sacados violentamente del auto. Se me quitó la corbata, con la que me vendaron y esposaron manos atrás. Al ver que yo estaba chorreando sangre, hablaron entre ellos de llevarme al hospital. Fui lanzado al suelo mojado de la camioneta. Ahí comenzó un largo trayecto sin saber yo dónde me llevaban.

»Después de esto no supe más qué había sido de mi amiga. Una vez en el hospital se me hizo una curación sin anestesia, bajo fuertes dolores. Se me despojó de toda la ropa, a la búsqueda de cianuro. Fui tratado en forma grosera por parte del médico, quien se dirigía a mi en términos despectivos. Durante todo este tiempo yo permanecía vendado.

»De allí fui trasladado a la Academia de Guerra, AGA, donde se me dejó parado, esposado y vendado. Por la cantidad de escaleras que bajé suponía estar'en un subterráneo. Un guardia armado de fusil me cuidaba; cada vez que me movía me metía el fusil por las costillas.

»Después de varias horas fui llevado a interrogatorio. Esto fue entre gritos, puñetazos y patadas en todas partes del cuerpo. Los interrogatorios se volvieron a repetir, pero con otros métodos. Colgado, con aplicación de corriente en testículos, ano y tetillas. Todo esto a gritos y con amenazas de entregarme a la DINA y de detener a mi mujer y a mi hijo de dos años. Amenazas con una pistola en la nuca. Esta era una mujer. En el subterráneo se vivía un [78] clima de terror, entre gritos y quejidos de dolor, montaje de armas, voces que imploraban que viniera el cardenal, disparos según ellos de fusilamiento. Ante esta situación intenté quitarme la vida cortándome el cuello en el baño. Fui sorprendido y llevado al hospital, pues estaba degollado.

»Esto fue el domingo por la tarde. El lunes por la mañana llegaron al hospital procediendo a quitarme el suero y a golpearme y amenazarme con un cuchillo. Me retorcían las orejas, al parecer con un alicate. Se me amenazó con inyectarme drogas. Se formó un gran alboroto en la habitación, ya que la enfermera gritaba que yo estaba muy débil pues había perdido mucha sangre. Esto no fue problema para mis torturadores, que siguieron golpeándome hasta que llegó al parecer el médico, que dijo que no podía ser sacado. Fui invectado, lo que me produjo sueño. Por la tarde volvieron y procedieron a sacarme las agujas del suero y me colocaron cn una camilla y me bajaron en una ambulancia esposado de pies y manos. Comenzaron a colocarme corriente. Del hospital fui llevado nue vamente al AGA. Allí se me mantuvo en pie por diez días sin comer, ni dormir, ni tomar agua. Se hacían simulacros de fusilamiento. Se me sacaba a interrogatorio por lo menos dos o tres veces al día durante ese periodo y los días posteriores. Era gol peado y se me presionaba constantemente con detener a mi mujer y a mi hijo.

»En las noches se me levantaba cuando había logrado conciliar el sueño y era interrogado nuevamente bajo golpes y presiones psicológicas. Permanecí incomunicado y con los ojos tapados por espacio de varios meses. Hasta enero. En la pieza no podíamos movernos ni dirigirnos la palabra. Sólo se nos permitía ir al servicio una vez al día y por pocos minutos. Para cambiar de posición cuando estábamos sentados debíamos pedir permiso a los guardias y sólo hacerlo si éstos lo autorizaban, llegando a veces a estar días enteros completamente inmóviles.

»En el mes de octubre la DINA detuvo a mi hermana, su mari do, mi suegra, la madre de ésta, de ochenta y dos años, y casi ciega, y una hermana de mi suegra. Mi suegra y mi hermana alcanzaron a estar una semana detenidas en la sección Incomunicados de Tres Alamos. Se les acusó de ser enlaces míos y de Miguel Henriquez y de llevar mensajes desde la Academia. A ellas dos yo no las había vuelto a ver desde mi detención. A mi se me dijo que la DINA había tomado a mi mujer, mi hijo y mi madre, que se encontraba bastante enferma. Se me mantuvo con esta información hasta muchos días después, cuando se me autorizó ver a mi mujer. [79]

»El 1 de febrero fui trasladado a una casa ubicada en Apoquindo, donde estuve hasta el 11 de marzo. Durante ese período se, me permitía salir de la habitación cada tres días y por quince minutos. Para ver a mi mujer y mi hijo era trasladado, junto a otros detenidos, hasta la casa ubicada en Marun, 650, requisada por la SIFA. En esta casa vivíamos mi mujer, mi hijo y yo hasta el día de mi detención.

»El 11 de marzo ingresé a la Penitenciaría y por entonces tuve la posibilidad de hablar con mi abogado y de ver en forma li~bre a mi familia. A fines de mayo fui incomunicado en la galería de castigo, la número 12. Permanecí allí por díez días, pues habían encontrado un cuaderno mío que contenía apuntes de economía que consideraron peligroso Después de diez días fui sacado de allí y reintegrado a mi galería habitual. Se me dijo que todo había sido un error y que no había nada en mi contra.

»Actualmente permanezco en la Penitenciaria a la espera del fallo.

»Nota: Autor de mi detención y responsable de las torturas: comandante Edgar Ceballos Jones.»

Arturo Villavela Araújo, ingeniero, aproximadamente treinta años:

«Fui detenido el 29 de marzo de 1974 por personal de civil que no se identificó y que inmediatamente utilizó armas, tirando al cuerpo. Fui herido en el hombro; varias balas perforaron mi pantalón, rozándome las piernas. Al subir a un auto me cercaron con automóviles que tenían emboscados ametrallando el auto con todo tipo de armas. En las primeras ráfagas me hirieron en la cabeza, posteriormente me hirieron en el tórax y el abdomen, perforándome los intestinos y probablemente el estómago, al ser alcanzado por más de tres impactos en esa zona. Al salir del auto fui pateado en el suelo, a pesar de que estaba desangrándome y por las heridas no podía hacer ninguna resistencia y no estaba armado.

»Posteriormente fui llevado al hospitaL FACH, que al no tener los elementos para intervenirme quirúrgicamente me trasladaron al Hospital Militar. Al día siguiente de la operación fui interrogado y antes drogado, a pesar de la oposición del médico, por el estado casi comatoso en que me encontraba En el Hospital Militar fui interrogado por la SIFA y la DINA. Al mes fui trasladado al hospital de la FACH, donde nuevamente fui interrogado aplicán dome drogas, esta vez orales A mediados de mayo fui llevado a la AGA. A pesar de que aún no me encontraba recuperado, y con el fin de darme de alta, se me sacó una sonda antes de tiempo. Fui sacado en camilla, pues aún no caminaba. [80]

»El mismo día que llegué fui colgado y se me aplicó corriente por más de una hora en los genitales y ano permanentemente y además con una picana eléctrica que me la aplicaban en las heridas aún no cicatrizadas.

»Se me mantuvo aislado en una pieza con luz día y noche, esposado permanentemente al catre, hasta septiembre de 1974. Sólo a los cuatro meses de mi detención se avisó a mis familiares que estaba con vida, permitiéndoseme visitas esporádicas cada quince días, que a veces eran suspendidas por más de un mes. En todo este tiempo era apremiado casi diariamente.

»En agosto se me mantuvo en pie a pesar de no estar aún restablecido, por lo que sufrí la pérdida del conocimiento al caer desmayado.

»En varias oportunidades fui sometido a interrogatorio en que se me amenazaba con someterme a peores torturas y de pasarme a otros servicios de inteligencia, como la DINA.

»Prácticamente cuando ya se había iniciado el proceso, se me planteó reiteradamente la posibilidad de que mi esposa podía ser detenida y sometida a torturas.

»En todo este tiempo se me mantuvo en una pieza con cuatro o seis presos. Con luz encendida todo el día y con salidas a tomar aire de quince a treinta minutos cada quince días. Muchas veces pasábamos más de un mes sin salida.

»En febrero fui trasladado a una casa "especial" del SIFA en Apoquindo, donde se me mantuvo más de un mes sin visitas y en una pieza muy estrecha, en la que estábamos tres presos.

»En marzo, a pesar de haber terminado el "trabajo" de Fiscalía, fui trasladado a Tres Alamos, lo que dificultaba mi defensa, pues mi abogado no tenía garantía de poder visitarme las veces que estimara convenientes.

»Desde antes de iniciarse el consejo de guerra fui trasladado a la Penitenciaría de Santiago.

»En más de un año de prisión se me hizo solamente un examen médico, posterior a mi salida del hospital. En él quedaron establecidas las complicaciones de cicatrización que aún existen, una afección al corazón que no tenía antes de ser detenido, dolores reumaticos y de cabeza y una bala que aún tengo alojada en el cuerpo. Ha sido imposible conseguir la ficha médica que permita conocer de qué fui operado. »

Gabriel Canihuante Maureira, veintidós años, estudiante de economía: [81]

«Al mediodía del 24 de junio de 1974 fui detenido con tres compañeros que trabajábamos en un taller de reparaciones de mecánica de automóviles por una patrulla militar de la FACH, comandada por el "inspector Cabezas" (comandante Edgar Ceballos Jones), en un operativo combinado de aire-tierra (un camión blindado con una docena de soldados, un autó particular con dos o tres civiles, un, helicóptero artillado con dos metralletas).

»La detención fue pacífica, no hubo resistencia. Los soldados cargaron las armas en cuanto nos vieron y nos mantuvieron manos en alto hasta subirnos al helicóptero. Este nos llevó a la Academia de Guerra, donde fuimos esposados y tapados los ojos y se nos mantuvo en pie hasta la noche. El interrogatorio primero fue sólo amedrentamiento. Puñetazos y patadas y amenazas de "magneto".

»El segundo interrogatorio fue con aplicación de electricidad, método Pau de Arara: desnudo, colgado, con una aguja en la cabeza del pene y una aguja móvil (siempre cegado). Los interro gatorios siguientes se limitaban ya a la simple amenaza del magneto. La incomunicación (esto es, ausencia de noticias de mi familia) duró exactamente un mes. El 24 de julio ellos recibieron una carta mía y yo el 30 una respuesta de ellos.

»El estado de incomunicación duró ochenta y cinco días en la Academia. Con los ojos tapados todo el día, a excepción de una hora o dos. Cegado para dormir. Obligación permanente de permanecer sentado y prácticamente inmóvil en la silla. Para caminar los siete pasos de la celda-sala de clases era necesario el permiso del guardia. La salida al sol era absolutamente fortuita (tres o cuatro veces en los ochenta y cinco días), lo mismo la visita de los familiares (dos días).»


Testimonio.


Rosa Barrera (testimonio escrito entregado a la Tercera Sesión de la Comisión, por la Federación Democrática Internacional de Mujeres):

«Fui detenida el 8 de julio de 1974 por integrantes del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea de Chile, SIFA, los que me llevaron esposada y con los ojos tapados a la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea, AGA ubicada en las inmediaciones de El Arrayán, lugar cercano a lit cordillera. Mi lugar de reclusión allí fue una celda junto a otros once detenidos, todos hombres. Con el pasar de los días pude darme cuenta de que estaba en un subterráneo, con celdas contiguas en donde había noventa o más presos políticos. [82]

»Todos los detenidos estábamos obligados a permanecer con los ojos tapados y esposados desde las cinco y media de la madrugada - en que nos despertaban a culatazos - hasta las once de la noche. A esa hora se nos autorizaba a acostarnos, si es que había colchonetas. Para dormir tampoco podíamos quitarnos la venda. El que infringía esta orden era castigado con un plantón en pie de seis horas, sin comer. No podíamos ir al servicio cuando sentíamos necesidad de hacerlo, sino cuando el guardia lo determinaba, quien generalmente actuaba segíin su capricho. Los servicios higiénicos eran pozos sépticos, seis en total, para una población penal que alcanzaba un promedio de cien detenidos. Eran frecuentes, por tanto, las inundaciones de orines y excrementos, cuyos olores y las moscas venían a transformarse en una nueva fuente de tortura. En el AGA, bañarse era un lujo, ya que el agua estaba cortada permanentemente. Algunos guardias y suboficiales, corriendo un riesgo evidente, nos llevaban a las mujeres a las dos o tres de la madrugada a un baño rápido, baño de agua helada. A esa hora teníamos que lavarnos el pelo, bañarnos, lavar nuestras prendas interiores, sólo en contados minutos.

»El día 28 de julio, alrededor de las cinco de la tarde, siento una mano tocar el número de cartón que llevaba en mi pecho. Un hombre de uniforme, poniendo una mano en mi hombro, me dice: "Vamos." Me guía por un largo pasillo y subo una escalera, de la que alcanzo a contar veintidós peldaños, que conduce a un segundo piso. Me introducen en una habitación y siento una voz que pre gunta: "¿De qué partido eres militante?" "No era - respondí -; soy militante del Partido Comunista." El guardia, elevando el tono de su voz, me señala: "¿Que no sabes, huevona, que el Partido Comunista no existe?" Acto seguido, una fuerte bofetada en la cara. 'Guardia -ordena el torturador-, llévate a esta huevona al pasillo."

»En el pasillo permanecí dos días completos, con los ojos tapa dos, esposada, en pie, sin moverme a ningún lado, sin comer y sin dormir. Esos dos días, si bien fueron el anticipo de lo que vendría después, los recuerdo como los más horribles, pues... si el cansancio, el hambre o el sueño me vencían, era rápidamente golpeada. Esos dos días me acompañó una música estridente que hacía más grande el suplicio.

»Al segundo día, y cuando sentía que mis fuerzas ya estaban agotadas, siento una voz distinta a las demás que me dice: "No desmaye, señora; aguante." Era la voz de un guardia que me acon seja pedir al suboficial autorización para ir al baño. "No tema - aclara -, nada le pasará." Hice lo indicado, y en el baño el [83] guardia me levanta la venda y veo un rostro jovven de un conscripto, que me reitera: "Aguante senora. Demuestreles que no les tiene miedo." Acto seguido saca de entre sus iopas una taza de café y me la da a beber. Me hace caminar por el bano para desentumecer mis pies; posteriormente con un panuelo mojado me fro ta las pantorrillas para ayudar a la circulación. Al mojarme el rostro descubro que a mi espalda llevaba un cartel donde se leía "Castigada por la Fiscalía". Los minutos que permanecí en el baño fueron sin duda los mas reconfortantes para la situación en que me encontraba. Esa mano amiga me llevo nuevamente al sitio inicial de castigo y nunca mas lo volví a ver.


»Esos dos días fueron la antesala de lo que vendría después.


»Apenas tuve oportunidad de permanecer unas cuantas horas en la habitación cuando nuevamente me toman y me llevan por el pasillo y subo los veintidos escalones fatídicos. Pero el camino no termina ahí y subo otros veintiocho escalones. Entro a Lina habítación, cuyo piso lo sentía blando como una especie de colchoneta. Siento que me sacan la venda y me ordenan cerrar los ojos. Encima de ellos ponen una gasa con tela adhesiva y encima un capuchón. Me desnudan, dejándome solo en bragas y me esposan las manos atrás. En los segundos que duro esta operación nadie dijo nada. Un golpe en mi bajo vientre vino a romper ese tenso silencio. El golpe, dado con una fuerza increíble y con una manonla me lanzó contra la muralla, la que tambien estaba cubierta con colchonetas. El dolor me hizo desplomarme, pero nuevos golpes dados con un hierro en las costillas, estómago, senos me obligaban a mantenerme en pie.


»Cinco minutos, diez, una hora permanecí allí, no los recuerdo; sólo el trauma de la pesadilla que viví en tinieblas. De repente siento que una puerta se abre y una voz ordena: "Ya basta: vistase, señora." Me pasan a otra habitación. Me piden que me siente. Una voz suave me ruega colaborar con la dictadura. "Créame, señora, que siento mucho lo que le ocurre. Pero si nos dice quién era el enlace que se reunía con usted, la dejamos en libertad inmedia lamente." "Yo no sé nada, señor", aclaro. Nuevamente siento la voz encolerizada del interrogador, que sostiene: "Con ustedes no se puede conversar. ¡Guardia! ¡Llévesela! " Y vuelvo a las tinie blas del calabozo.


»Los días siguientes, vuelta a la misma rutina, cambiando, eso si los métodos de tortura. Por ejemplo, uno de los torturadores me amarraba a los pezones de mis senos una lienza y empezaba a tirarlos con un sadismo increíble. Los tiraba hacia adelante con el evidente propósito de arrancarlos de su lugar; otras veces los tira-[84]ba hacia los lados, en todas direcciones. El dolor me hacía caer muchas veces desvanecida; pero también entendía que era peor, porque los golpes en cualquier parte del cuerpo me hacían ponerme en pie. Estas sesiones de tortura venían acompañadas poste riormente de un interrogatorio que siempre revestía un hipócrita tono fraternal. "Señora - me decía el interrogador-, siento mu cho lo que le ocurre. Créame. ¿Quiere fumar? Póngase cómoda. Tranquilícese. Aquí nada le pasará. Por favor, digame: ¿Quién era su enlace? ¿En qué casas se reunían? ¿Quienes eran los miembros de la comisión política? ¿Qué hace Fulano de Tal? ¿Dónde se encuentra este otro? ¿Dónde imprimen los volantes? ¿Cómo les llega el dinero?" Así un montón de preguntas. A todas ellas yo res pondía invariablemente: "Señor, usted está equivocado conmigo. Yo no sé nada. Soy solamente la secretaria de la senadora Julieta Campusano."

»Esa situación se prolongó por once días seguidos, hasta que llegó el día 6 de agosto. Ese día, faltando pocos minutos para el mediotlía, siento la voz de Alfonso Carreño Díaz, militante del Partido desde la época de González Videla. Me había tocado trabajar con él tiempo atrás; muy amiga de sus hijas, sabía sus condiciones de militante leal.

»Por cierto, al igual que la mayoría de los que estábamos en el AGA, Carreño tampoco podía librarse de las sesiones de "ablandamiento" previas a los interrogatorios. Hacía minutos que lo habían bajado de una de ellas y no podía reprimir el dolor. Sen tada próxima a él, sentía su respiración fuerte y profunda. Sus quejidos indicaban que estaba mal. Instantes después siento como si un globo hubiera reventado y por debajo de la venda le veo desplomarse. Un charco de sangre brotó de sus narices y boca. Su rostro estaba pálido. Allí quedó tirado unos diez minutos antes de que vinieran suboficiales a verlo. "Este hombre está mal - dice uno de ellos -; hay que llamar a un médico." Otros veinte minutos en que llegara el médico y lo viera. Pero ya era tarde.

»Carreño ya estaba inconsciente. Media hora más tarde que lo viera el médico llegó una camilla y lo trasladaron del lugar. Así salió Alfonso Carreño Díaz de la Academia de Guerra Aérea. Su estómago completamente destrozado, molido interiormente, aniquilado sádicamente por los asesinos del AGA.

»Ese día todos estuvimos tensos y esa noche nadie durmio.

»Como a las tres de la madrugada escucho una voz conocida por mí. Era la del hombre que había dirigido el operativo contra el Partido Comunista, el inspector Cabezas, el segundo hombre del Servicio de Inteligencia de la FACH. Su verdadero nombre se [85] había filtrado entre los detenidos y era Edgar Ceballos... Este informa a la guardia: "Borre de la lista a Alfonso Carreño Díaz. Se nos fue en el hospital." Esa noche no pude reprimir las lágrimas y, en un estado emocional muy grande, escribí con mi uña en la pared frente a mi litera: "Dios mío, avúdame a soportar todo esto." Al despertar a la mañana siguiente veo la leyenda escrita horas antes y no puedo reprimir una sensación de risa, porque no creo en Dios, pero tampocó podía sacarme la idea de mi mente de que también mis horas estaban contadas. Tenía un desorden horrible en mi cabeza, y en esas reflexiones estaba cuando siento una mano que toca el número prendido en mi chaqueta. "Cincuenta y cuatro. Vamos."

»Subo los veintidós peldaños y después los veintiocho restan tes. Iba nuevamente al tercer piso, a la sala de torturas. Yo no quería subir, pero mis piernas me llevaban inexorablemente a en frentarme con mis verdugos Al abrirse la puerta ya estaba recu perada y dispuesta a esperar lo peor. Otra vez los golpes, la tortura. Nuevamente el interrogatorio para las mismas preguntas anteriores y las mismas respuestas.

»No supe cómo llegué a mi celda; me sentía muy mal, la cabeza me daba vueltas, sentí correr por mis piernas un líquido caliente. Era la sangre, que mojaba incluso mis pies. Pedí ir al servicio para lavarme un poco. No había en el AGA medicamentos ni algodón. Tuve, por tanto, que recurrir a diarios viejos y a papeles para contener la hemorragia. Así llegué como pude nuevamente a la celda, pero antes de llegar a la litera me desplomé.

»Recobré el conocimiento gracias a la ayuda de otros presos. Estaba aún fresca la agonía de Alfonso Carreño, y éstos gritaron pidiendo ayuda a los guardias. Llegaron militares de alta graduación, los que empezaron a preguntarme si me sentía bien. "Póngase en pie", me ordenaron. Al intentarlo comprobé que el lado dere cho de mi cuerpo estaba paralizado. Me cubrieron con un poncho en la cabeza y me trasladaron a un hospital.

»En el hospital no querían atenderme. Nadie quería hacerse responsable de mi grave estado. Después de muchos esfuerzos del personal del AGA, éstos lograron que me ingresaran. Desperté en el pabellón de operados y pregunté al médico qué era lo que tenía. "Tenía un embarazo de dos meses, mi hijita", respondió el doctor. Añadió que tenía una hemiplejia que casi comprometía la circulación del corazón. Agregó que todo había pasado y que se me daría tratamiento.

»Estuve cinco días en el hospital de la FACH. Un guardia con metralleta al pie de mi cama observaba todos mis movimientos. [86] Estaba estrictamente incomunicada, no podía hablar con nadie ni siquiera con los médicos que hacían mis curas. Hasta para hacer mis necesidades debía... hacerlo en presencia del guardia, quien no tenía ni siquiera la atención de volverse cuando esto ocurría. Fui dada de alta al quinto día. El médico me dijo al comunicarme la decisión: "Señora, si de mí dependiera, yo la enviaría a su casa a reponerse, pues usted está muy delicada; pero, desgraciadamente, debo cumplir órdenes, y siento decirle que volverá a la Academia."

»Así regresé de nuevo al AGA. Volví al mundo de tinieblas de la venda, volví al mundo de los ciegos sin serlo, volví a los interrogatorios, pero esta vez sin las sesiones previas de "ablandamien to". Seguramente los torturadores sintieron miedo por lo ocurrido con Carreño y conmigo. Eso, creo yo, me salvó de las torturas, al menos por el momento, porque después vinieron otro tipo de torturas. Quisieron aniquilarme moralmente.

»Por supuesto que la hemorragia continuó sin siquiera recibir un solo medicamento. A fines de septiembre, cuarenta y cinco días después de haber sido ingresada en el hospital de la FACH, logré que el fiscal me autorizara a recibir medicamentos y desinfectantes. Durante todo este período no supe de mi familia. Mi compañero me contó después que no se le permitía verme. Siempre se le res pondía que estaba incomunicada.

»Finalmente, el 8 de noviembre de 1974 salí, junto a otras cin co mujeres detenidas, del siniestro encierro del AGA en dirección al campo de concentración de Tres Alamos.»

Declaración jurada de detención en Villa Grimaldi (Extracto).

Había dentro 87 detenidos, 10 mujeres y 77 hombres, mien tras él estuvo detenido. Permaneció en Villa Grimaldi cuarenta y cinco días. Lo fueron a buscar a su domicilio y le dijeron que venían de una comisaría cercana para que prestara una declaración breve para volver luego a su casa. Lo subieron a su vehículo y le vendaron con scotch. En Villa Grimaldi le quitaron el scotch y le pusieron venda de tela.

Mantuvieron al detenido en una habitación de 80 por 80 centímetros («Casas Corvi») por media hora en su tratamiento preliminar de espera. Lo sacaron, le hicieron una ficha familiar, consignando los nombres de madre, padre, hermanos, hijos, etc. Luego fue llevado a interrogatorio.

Comenzaron a golpearlo, a patearlo y a interrogarlo. Afirma ban, preguntándole a la vez, si tenía armas, si sabía de algún escondite, reiterando que debía saberlo, golpeándole al mismo tiem[87]po con los puños. Como no respondiera satisfactoriamente a juicio de los torturadores, lo desnudaron y lo pusieron en la «parrilla» (un somier metálico). Fue amarrado y amordazado, pusieron una radio a todo volumen y comenzaron a aplicarle electricidad en todo el cuerpo, preferentemente en los testículos, donde mantenían largo tiempo las placas transmisoras de corriente. Tenía que indicar, bajando el dedo índice, cuando estuviera dispuesto a hablar; lo hacía a cada rato para que cesara la electricidad, pero como contes taba siempre que no sabía nada, volvían a aplicarle corriente eléctrica. Por dos días seguidos le aplicaron el mismo tratamiento, y el interrogatorio no variaba en nada. Después de esos dos días lo trasladaron a otra habitación, que debía tener unos 2 por 1,20 metros («Casas Chile»). En esta nueva habitación había un camarote con dos camas, en las que dormían cinco personas, tres abajo y dos arriba. La pieza estaba herméticamente cerrada, y arriba tenía un tragaluz de 25 por 10 centímetros.

Los despertaban a las cinco de la mañana y pedían voluntarios para barrer. El detenido siempre se ofrecía, con el fin de conocer mejor el lugar.

A las siete de la mañana les daban desayuno, consistente en media taza de café con pan duro. Al servicio salían tres veces al día. Había un solo baño para todos. La única vez que el detenido se bañó fue cuando salió en libertad.

Las condiciones higiénicas era indescriptibles. Los llevaban al servicio en grupos de a diez. En pocos minutos - tres como máximo - todos tenían que hacer sus necesidades. En el trayecto de regreso debían desfilar, ir marchando, hacer giros, etc. El que se equivocaba - lo que era muy fácil si se considera que permanecían absolutamente todo el tiempo con los ojos tapados- era pateado o recibía culatazos.

Cuando se oía la radio a todo volumen, todos sabían lo que iba a ocurrir. A pesar de las condiciones, el clima humano entre los presos era muy bueno y todos se daban ánimos; había mucha solidaridad, especialmente con los recién torturados.

Había muchas personas muy enfermas. Una de ellas era un estudiante que había sido sacado a la calle para que reconociera personas. Intentó quitarse la vida arrojándose bajo un autobús, pero las ruedas le pasaron sobre una pierna solamente, quebrán dosela. Tenía como consecuencia de la ausencia absoluta de tratamiento médico comienzo de gangrega. El doctor de Villa Grimaldi, que solía ir por las noches, le decía que no se preocupara, porque cuando la gangrena llegara a la rodilla, le iban a cortar la pierna. [88] El doctor le inyectaba pentotal, e intentó además el tratamiento hipnótico.

Mientras el detenido permaneció en Villa Grimaldi murió una persona que, estando amarrada a la «parrilla», en su desesperación cortó las cuerdas y agredió a un militar. Lo patearon en la cabeza y le dieron de culatazos, dejándole con la cabeza completamente deforme y la espina dorsal quebrada; estuvo varios días agoni zando, y sus quejidos eran escuchados por todos los presos. El doctor ne negó a atenderlo. Cuando murió su cadáver fue sacado de noche, sin que los presos se enteraran dónde lo llevaban. Es frecuente que lleven a Villa Grimaldi a padres, madres y parientes de personas buscadas, los que permanecen en este centro en calidad de rehenes.

Todo el personal que trabaja allí carece de presencia militar: pelo largo, blue-jeans, bigotes. También trabajan mujeres: todas visten pantalones. Hacen turnos continuados de veinticuatro horas, con cuarenta y ocho horas de descanso.

Al detenido le da la impresión de que los torturadores son en su gran mayoría oficiales, ya que por el timbre de voz y la forma de hablar se nota que son personas educadas Otros son conscriptos, sargentos, y ello se nota asimismo en el modo de hablar.

El personal está organizado en brigadas. Cada brigada tiene un grupo de personas que se dedican a interrogar, averiguar, comparar, chequear. Tienen a su cargo al detenido desde la detención hasta la liberación. La brigada está compuesta de un oficial, sar gento y conscriptos.

El lugar denominado «la torre» es exactamente eso. En su base debe tener unos cuatro metros cuadrados y termina en punta. Tiene unos seis metros de altura. Es antigua y da la impresión de que fue construida con fines decorativos. En su interior tiene una escalera de caracol que conduce a calabozos recientemente construidos, especies de nidos individuales. Hay cuatro de estos calabozos para aislamiento absoluto; son usados como celdas de castigo para los presos más «rebeldes».

Los métodos más frecuentes de tortura, según denuncias for muladas a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, son los siguientes:

- aplicación de electricidad,
- aplicación de electricidad en heridas,
- violación y ultrajes sexuales,
- obligación de presenciar o desarrollar actividades sexuales,[88]
- obligación de presenciar torturas,
- encapuchamiento e incomunicación prolongada en tal estado,
- permanencia en pie por tiempo indeterminado,
- permanencia en silla, amarrado o engrillado, por tiempo indeterminado,
- ingestión de excrementos e inmundicias,
- arrojamiento de excrementos e inmundicias sobre el detenido,
- apedreamientos,
- apaleos,
- golpes con laque y con objetos contundentes,
- tajeamiento de miembros,
- fracturas,
- colgamiento de brazos y piernas,
- Pau de Arara,
- embolsamiento de rostro, provocando asfixia,
- golpes continuados de pies y puños,
- arrancamiento de uñas, cejas, pelo y otras partes del cuerpo,
- flagelamientos,
- hundimiento de cabeza en agua y suciedades,
- privaciones de agua y alimentos,
- arrastramiento por el suelo atado del cuello o miembros,
- volcamiento por escaleras o pendientes con ojos vendados,
- simulacro de fusilamiento,
- introducción de ácidos y materiales corrosivos,
- quemaduras de cigarrillos,
- cortes en las venas y otras partes del cuerpo,
- heridas de bala,
- pinchamiento con alfileres u objetos punzantes,
- exposición en lugares con insectos o gérmenes infecto-contagiosos,
- exposición a temperaturas muy elevadas o muy bajas,
- exposición a rayos ultravioleta o infrarrojos,
- presión con cuchillos u objetos punzantes o contundentes,
- aplicación de pentotal o drogas tendentes a causar pérdida de voluntad.

Fuente: C.I.D.H. Tercer Informe sobre la situación de los Dere chos Humanos en Chile, 6.o periodo de sesiones, año 1976.

En un informe presentado a la Comisión de Derechos Huma nos de las Naciones Unidas se describen los métodos de tortura [90] aplicados con mayor frecuencia durante el primer semestre del año 1976:


a) «El submarino». Consiste en atar de pies y manos al dete nido y sumergirle en un tanque de líquido nauseabundo (orina, aguas de alcantarillado, petróleo), con lo que se provoca una asfixia temporal. Se dice que este método se ha aplicado en Villa Grimaldi, utilizando una piscina que hay en el centro.

b) «La paloma», que consiste en atar las manos del preso a la espalda y colgarle por las manos; con frecuencia se le atan los pies. Entonces se le dan palizas o descargas eléctricas. Este método se utiliza también cuando el preso está suspendido en una tina o en la piscina de Villa Grimaldi, y entonces se aplica corriente eléctrica al agua.

c) Conducir un vehículo pasando por encima de las manos y los pies de los presos, con lo que se les producen fracturas múltiples, o por encima de otras partes del cuerpo, con lo que se les produce incluso la muerte.

d) Golpear sistemáticamente una parte del cuerpo hasta pro ducir la locura. Golpes continuos en la cabeza, pies descalzos e ingles.

e) Abusos sexuales, incluida la violación y la utilización de animales especialmente entrenados para cometer depravaciones.

f) Pau de Arara. Consiste en atar juntos los pies y las manos del detenido y colgarle de un palo con las pantorrillas fuertemente atadas alrededor del mismo. Se invierte entonces la posición del detenido y se le aplican corrientes eléctricas o la llama de un soplete a los genitales, boca, cabeza, etc., golpeándole todas las partes del cuerpo.

g) Aplicación de alcohol y corrientes eléctricas a las heridas producidas por la tortura o por disparos.

h) Rotura de los huesos de los dedos, pies, brazos y piernas con golpes o «llaves».

i) Quemaduras con ácido en los ojos, testículos, vagina o en otras partes del cuerpo.

j) Ingestión forzosa de vomitivos.

k) Corriente eléctrica en una silla. Al parecer este método se utiliza con frecuencia debido a que resulta rápido y fácil de aplicar. A menudo se utilizan la casa y el lugar de trabajo del detenido. Según parece, algunas personas detenidas en enero de 1976 fueron torturadas de esta forma en los locales del Sindicato de Taxistas de Santiago. [91]

l) Utilización de cabinas especiales, más pequeñas que una cabina telefónica v con sitio apenas suficiente para que pueda permanecer una pcrsona sentada. Al detenido, encadenado, se le deja en la cabina durante un período indefinido de tiempo y se le saca para someterle a interrogatorios posteriores o ulteriores torturas.

m) Extracción de dientes a sangre fría.

n) Extracción de las uñas de los dedos de las manos y de los pies, y quemaduras de los órganos más sensibles del cuerpo con cigarrillos o directamente con luego.

o) Simulación de ahorcamiento o fusilamiento.

p) Coacción psicológica consistente, por ejemplo, en detener y someter a tortura a los parientes próximos del detenido, en particular a su mujer e hijos.


En 1976 se observa la participación de efectivos de carabineros en la detención de personas y su posterior entrega a agentes de la DINA, como lo demuestra la posterior aparición de los arrestados en el Campamento de Tres Alamos.

En los últimos meses de 1976 se detecta la actuación de una llamada Brigada de Asaltos, que, conjuntamente con la DINA, practica detenciones v torturas. A casi todas las personas detenidas se les interroga acerca de presuntos asaltos. Personas cletenidas y torturadas en Villa Grimaldi son, por otra parte, entregadas en Tres Alamos y sacadas luego de allí por efectivos de Investigaciones, que las trasladan al Cuartel de Plaza Almagro.

En noviembre de 1976, el Gobierno libera a alrededor de 300 detenidos, con lo cual, según declaración oficial, ya no quedaban presos políticos en el país.

En 1977 hay un cambio en la represión, fenómeno atribuido, entre otras razones, a:


- La conmoción que produce el asesinato de Orlando Letelier en Washington el 21 de septiembre de 1976, crimen en el que aparece involucrada la DINA, y el rechazo mundial que éste provoca, en especial por parte del Gobierno de Estados Unidos.

- El trabajo de denuncia desplegado por los familiares de víctimas de la represión, especialmente por la Agrupación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos.

- La condena permanente de las Naciones Unidas al Gobier no de Chile por la violación sistematica de los derechos humanos. [92]

- La agudización del aislamiento político que experimenta el régimen en el ámbito internacional, y que le obliga a un esfuerzo por mejorar su imagen.

- El creciente papel que juega la Iglesia Católica, por intermedio de la Vicaría de la Solidaridad, en la denuncia de las violaciones de los derechos humanos y en el apoyo jurídico a los reprimidos. La acción de la Vicaría permite a crecientes sectores de la opinión pública saber la verdad en torno a algunos casos que se producen por entonces, lo que precipita la disolución de la DINA y obliga a los cuerpos represivos, en general, a una modificación de sus métodos.


Entre los casos aludidos destacan:

· En mayo de 1977 es secuestrado por agentes de la DINA el menor Carlos Veloso, hijo de un dirigente sindical. Es torturado para que informe sobre presuntas actividades sediciosas de su padre. Sus familiares concurren a la Vicaría de la Solidaridad a hacer la denuncia, pero en días posteriores se retractan. Simultáneamente, la DINA asegura haber descubierto a los autores del hecho, señalando como culpables a algunos vecinos de la población de Veloso, uno de ellos miembro de la Fundación Cardjin, del Arzobispado de Santiago. Pero tras denuncias de la propia Vicaría y de la Fundación, y de una investigación pedida por el presidente de la Corte Suprema, un Tribunal militar termina poniendo en libertad incondicional a los acusados, al establecer que su confesión le había sido arrancada mediante tortura por parte de los agentes de la DINA.

· El 3 de mayo desaparece el licenciado en Derecho y funcio nario judicial Guillermo Bello Doren, condición en la que permanece durante quince días. El Consejo General del Colegio de Abogados sostiene que éste se ha autosecuestrado con el objeto de causar expectación pública nacional e internacional. Cuando es puesto otra vez en libertad, Bello decide abandonar el país. Ante notario público deja un completo testimonio, en el cual refiere que su secuestro y desaparición fueron obra de personal de servicios de seguridad del Gobierno, seguramente la DINA.

· En noviembre de 1975 fuerzas de seguridad habían arrestado en la casa de los Padres Columbanos a la doctora británica Sheila Cassidy. En el operativo fue muerta a tiros por la espalda la empleada de la casa doña Enriqueta Reyes Valerio. En declaraciones oficiales profusamente dadas a conocer por la prensa, se [93] afirmó que el personal de seguridad había sido recibido a balazos por la doctora y un acompañante refugiado en la casa. A mediados de 1977, después de un año y medio de instrucción del respectivo proceso militar, se determinó que los únicos balazos habían prove nido de los agentes de la DINA y que en el momento del ataque la doctora Cassidy no se encontraba acompañada de ningún «individuo no identificado». Por desgracia, a la justicia castrense le resultó imposible determinar quiénes habían sido los responsables del homicidio de Enriqueta Reyes.

Otros antecedentes.

La mayoría de los arrestados son puestos a disposición de los tribunales militares luego de soportar un período ilegal de incomunicación, para ser procesados y juzgados en conformidad a las normas que rigen para tiempo de guerra. Otros, cuya detención no es reconocida, son en definitiva puestos en libertad.

Las nuevas formas de represión consisten principalmente en acciones que no dejan rastros visibles, por lo que sus víctimas se sienten inhibidas para denunciarías y optan, en cambio, presas del miedo, por abandonar el país.

Se observa la aplicación de los siguientes métodos:

a) Visitas a los domicilios, amedrentamientos.

b) Detenciones por breve tiempo.

c) Seguimientos, amedrentamientos, hostigamientos, llamadas telefónicas, averiguaciones entre los vecinos.

d) Detenciones por varios días en lugares secretos, manteniendo a los afectados en régimen de incomunicación y con los ojos vendados. Algunos de los liberados refieren que son conminados mediante amenazas a mantener silencio para que no inicien acciones legales; en ocasiones se les obliga a entrar a colaborar con los servicios de seguridad.

e) Firma de documentos culpatorios, firma de declaración de no haber sufrido apremios durante su estancia, y comienza a utilizarse regularmente la confesión ante cámaras de televisión.

f) Aplicación de torturas físicas y psicológicas como sistema habitual de trato a los detenidos.


El número de arrestos breves con fines de amedrentamiento aumenta en forma paulatina, lo mismo que el de personas que, después de permanecer incomunicadas por un largo período, son, en definitiva, puestas en libertad, sin que nunca se reconozca ofi[94]cialmente su detención por parte de los organismos de seguridad. Estos continúan desarrollando sus actividades con desprecio absoluto por las normas constitucionales y legales dictadas por la propia junta Militar.


En mayo de 1977 diversos detenidos comienzan a describir un recinto secreto de torturas que se va perfilando como el local que después utilizaría en forma permanente la CNI (Santa María con Borgoño).

Algunos testimonios de tortura física y psíquica:

1. Venda-golpes-amenazas-incomunicación-detención en lugar desconocido.

Le hacen firmar un papel en el que deja constancia de que es homosexual y traficante en drogas. Se le obliga a firmar bajo amenaza de muerte otro documento en el cual se compromete a colaborar con la DINA.
Se le toman fotografías en diversas poses para demostrar su condición de homosexual; para ello se presta uno de sus aprehensores. Lo trasladan a otra pieza más pequeña y pierde el conocimiento, debido a emanaciones de gas.
El último día le hacen firmar una declaración que dice:

«a) Que estoy involucrado con el Partido Socialista de Chile.
»b) Que a nadie, ni siquiera a mis familiares o amigos más cercanos, debo contar lo ocurrido, lugar donde he estado y preguntas que me han formulado.
»c) Que no he recibido maltrato o apremio físico.
»d) Que si no cumplo seré detenido y conducido al mismo lugar, donde se me enterrará "a dos metros bajo tierra". »

2. Detenido en su domicilio. Ojos tapados.

«Me hicieron desnudarme totalmente y me tendieron en un somier metálico que estaba en el suelo, procediendo a atarme a él; me echaron agua encima, me pusieron una mordaza y me aplicaron corriente en seis oportunidades.»
Le golpean antes, poniéndole un trapo mojado con objeto de evitar huellas. Le obligan a beber vino; como se niega, lo amarran al somier y le colocan un embudo en el que vierten vino, v le rocían con él la cabeza. [ 95]

3. Detenido por Investigaciones.

Ingresa en la Cárcel Pública a disposición de la Fiscalía Militar. Esa noche es llevado al Campamento Cuatro Alamos por personal de Gendarmería, donde se le interroga varias horas, encapuchado, bajo apremios psicológicos. Lo devuelven a la cárcel.

Posteriormente lo vuelven a sacar encapuchado. Le aplican tortura psicológica. En estos interrogatorios le señalaban que sí sus declaraciones no eran satisfactorias podía ser trasladado a «Peldehue».

El tiempo medio de estancia en recintos secretos y de incomunicación es más breve que en años anteriores, pero la intensificación de la tortura persiste, aun cuando dejan de utilizarse métodos que producen mayores huellas físicas. La tortura parece tornarse más refinada y técnica a partir del estudio del perfil psicológico del detenido y de la recopilación de sus antecedentes personales y familiares. Cabe suponer que en la aplicación de la tortura y de las técnicas de interrogatorio participan ahora científicos sociales, psicológicos y psiquiatras, con el objeto de obtener el mejor resultado en el más breve tiempo y en lo posible sin dejar huellas, buscando siempre el quiebre de la persona, los datos necesarios para inculparla y la irradiación del miedo hacia el grupo al que el detenido pertenece.

Aun cuando el número de desapariciones forzadas decrece notablemente a partir de la puesta en funciones de la CNI, para el régimen sigue siendo necesario eliminar y/o paralizar a los opositores considerados más «peligrosos». Las víctimas de la tortura denuncian cada vez con mayor coraje lo que les ha sucedido, concurriendo a la Vicaría de la Solidaridad, haciendo declaraciones juradas y quedándose en el país, a pesar de todas las amenazas. Si salen al extranjero se presentan a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, a Amnistía Internacional o a otros organismos a testimoniar. Ante esta situación la CNI comien za a utilizar con mayor frecuencia el método de los supuestos enfrentamientos.

Además, se tiene la sensación de que la CNI necesita incrementar su documentación. Muchos detenidos son personas que habían sido arrestadas en virtud del estado de sitio o procesadas por cuestiones políticas. Otras están vinculadas a actividades solidarias de la Iglesia.

A principios de 1978 es detenida la doctora Haydée Palma Donoso, la cual, luego de su liberación. entrega el testimonio siguiente: [96]

«Llevada a un cuartel de la CNI, que supone es Villa Grimaldi. En este cuartel estuvo hasta el 8 de febrero; solamente se le permi tía dormir tres horas. Las torturas consistían en aplicaciones de electricidad en parrilla, colgamiento, golpes, manteniéndola siempre desnuda. Estos maltratos le ocasionaron hemorragias por ano y vagina. Las personas que estuvieron detenidas al mismo tiem po que ella relatan haberla visto con el rostro deformado por los golpes.

»EI día 8 de febrero fue trasladada a otro cuartel, el cual tenía un subterráneo grande y estaba ubicado cerca de una línea férrea; escuchaba pasar unos ocho trenes al día. (La descripción del recinto secreto, que pareciera ser el de Borgoño, coincide con la formu lada por otras personas que permanecieron detenidas por la DINA y que declararon haber sido llevadas allí desde mayo de 1977.)

»Allí permaneció cegada, esposada, encadenada de pies e incomunicada. Los días 13 y 14 de febrero se le hicieron dos aplicaciones de electroshock, después de las cuales durmió cinco horas; al despertar no recordaba su nombre.

»El 16 de febrero fue trasladada a la ciudad de Arica por vía terrestre, donde fue mantenida hasta el 20 de febrero en un cuartel de la CNI. Le entregan la documentación con la identidad falsa que ella portaba en el momento de su detención. Llevada al termi nal de autobuses con destino a Tacna, se le advierte que en el mismo vehículo viaja un agente de la CNI con la función de vigilarla para que no hable con nadie. Una vez en la ciudad de Tacna, y por consejo del obispo local, se presenta a la policía de investigaciones peruana, siendo de inmediato detenida. Arrestada quince días en esa ciudad es trasladada a Lima, donde luego de una semana es puesta en libertad por mediación de ACNUR.»

Durante 1978 queda de manifiesto que las violaciones de los derechos humanos corren principalmente por cuenta de agentes de la CNI, funcionarios uniformados de carabineros, funcionarios de SICAR y agentes del Servicio de Investigaciones. Hay indicios de la participación de carabineros en labores de inteligencia al margen de su institución, de una nueva instancia en colaboración directa con la CNI. El Servicio de Investigaciones desempeña el mismo papel: en lugar de poner sus detenidos a disposición de los Tribunales de Justicia competentes, se los entrega en secreto a la CNI, para que ésta los mantenga ocultos, sometidos a interrogatorios y torturas.

La reclusión en recintos secretos, la aplicación de torturas, la declaración forzada de autoinculpación, la exigencia de transfor marse en colaborador de los organismos de seguridad, la amenaza [97] de represalias en contra del detenido y miembros de su familia aparecen señalados en forma sistemática en las denuncias.

Los aprehensores disponen a su arbitrio de la vida y libertad de las personas, constituyéndose en una asociación ilícita que actúa por sobre todas las normas.

Algunos testimonios.

- B. A. Mujer. «Me aplicaron diversas formas de tortura corriente en parrilla, golpes, inyección de droga, que me hace perder el control del pensamiento). Me interrogaba una mujer, tratándome groseramente. Durante el interrogatorio me golpeaba en la espalda a la altura de los riñones, me obligaba a tomar con las manos unas llaves que tenían electricidad, lo que me provocaba convulsiones en todo el cuerpo; si me negaba a tomarlas era cruelmente golpeada; prácticamente no me dejaban dormir y me atemo rizaba diciendo que me secaría en la cárcel. Cada respuesta negativa significaba para mi un golpe de corriente, lo que iba disminuyendo mi capacidad de negar los cargos que trataban de imputarme.»

- Tres menores, de dieciséis, quince y trece años, de sexo femenino, detenidas por civiles con ocasión del 1 de mayo. Introducidas violentamente en una camioneta, se les venda los ojos y se les lleva a cuatro lugares distintos que ellas desconocen. En todos éstos se les interroga intensamente; en el penúltimo son sometidas a malos tratos y vejaciones al tiempo que se les amenaza con una violación en grupo. Después de ficharías, las trasladan a la 13 a Comisaria de Carabineros, donde son entregadas a sus padres.

- M. A. R. A., dieciséis años, estudiante. Detenido en su domicilio a las cuatro de la madrugada del 13 de octubre por agentes del Servicio de Investigaciones, quienes no exhiben orden alguna ni dan explicaciones a los familiares. Encerrado en el porta maletas del automóvil policial, es llevado a un cuartel, donde lo interrogan intensamente, dándole fuertes y repetidos golpes con pies y puños, tanto en el rostro como en el estómago, y sometiéndolo a tortura sicológica. Lo dejan libre cuatro días después.

Métodos de tortura (1978-1979).

Tortura física:

· Aplicación de electricidad con picana en diversas partes del cuerpo, especialmente en los genitales.

· Aplicación generalizada de electricidad en parrilla. [98]

· Puñetazos y patadas.

· Golpes con las palmas abiertas en ambos oídos a la vez («teléfono»).

· Colgamiento.

· Colgamiento de manos y pies con aplicación de electricidad («Pau de Arara»).

· Inmersión de la cabeza en aguas generalmente servidas has ta provocar asfixia («submarino»).

· Colocación de bolsa de polietileno para dificultar grave mente la respiración («submarino seco»).

· Posturas forzadas, esposamiento continuo.

· Privaciones de alimento y agua.

Tortura psicológica:

· Ojos tapados.

· Incomunicación en recinto secreto.

· Interrupción del sueño.

· Desnudamiento, vejaciones de tipo sexual, humillaciones.

· Música estridente y continuada.

· Drogas e hipnosis.

· Amenazas a la persona (asesinato, nuevas torturas o conti nuación de éstas).

· Amenazas en contra de la familia (detención, tortura y vio lación de la esposa e hijas).

· Firma forzada de declaraciones autoinculpatorias.

· Presión para colaborar, inculpar a otros y u organismos de iglesia.

· Filmación del detenido haciéndole leer declaración de auto inculpamiento.

La CNT continúa operando con los mismos métodos que había utilizado desde sus inicios. Sus agentes no se identifican en el momento del arresto, no exhiben orden alguna para arrestar, utilizan vehículos sin matrícula, llevan a los detenidos con los ojos tapados a recintos secretos de interrogatorio y tortura. Reeditan a menudo la operatoria de secuestro practicada por la DINA, consistente en seguir a la persona hasta sorprendería sola y aprehenderla sin testigos, lo que permite a la CNT salvar su responsabilidad en caso de que algo le ocurra a la víctima.

Se utiliza la detención dc familiares cuando la persona buscada no es habida, de modo de obligarla a entregarse. [99]

La aplicación de la tortura sigue siendo un método empleado regularmente con los detenidos mientras son mantenidos en recintos secretos. Asimismo se constata aplicación de tortura de personas detenidas por carabineros y el Servicio de Investigaciones.

Hacia fines de 1979 las denuncias por la aplicación de tortura tienden a disminuir considerablemente, debido tal vez a la alarma pública provocada por la muerte del profesor Alvarez Santibáñez, quien había sido detenido por agentes de la CNT y trasladado de emergencia a la Posta Central. A mediados de 1980, empero, la práctica de la tortura vuelve a recrudecerse.

En julio de 1980 el DL 3.451 aumenta a veinte días el plazo que se puede mantener a una persona bajo arresto sin ponerla a disposición de los tribunales, «cuando se investiguen delitos contra la seguridad del Estado de los cuales resultare la muerte, lesiones o secuestros de personas». Se «legaliza» así Lina práctica que la CNT venía aplicando desde mucho antes en forma indiscriminada.

Relato de A. H. V. V., detenida por la CNT el 20 de marzo de 1980 en un escrito agregado al recurso de amparo interpuesto en su favor:

«... Al llegar subí dos escalinatas y me encapucharon. En un verdadero calvario fui objeto de los siguientes malos tratos o torturas: una mujer me registró, tocándome en forma grosera mis partes íntimas; luego me llevaron a otro lugar, al parecer una pequeña sala. Se encontraban en ella varios individuos, dos de los cuales me desnudaron y me amarraron de pies y manos, separados, a un banco como los de las plazas, en el cual cabía recostada de espaldas. Me pusieron electrodos en las sienes, en los senos, en los dedos de los pies de la pierna derecha, en la vagina (escuchaba... en forma vulgar mis torturadores decían: "Métele el cable por la... a esa huevona"), y así comenzaron a aplicarme electricidad mientras era tratada en forma grosera, vulgar y vejatoria para mi condición de mujer. Se me interrogaba por un vecino a quien buscaban, según ellos, como un delincuente político extremista terrorista. Perdí la noción del tiempo por la tortura; al parecer, en la noche del jueves me llevaron a otra sala, diciendo mis torturadores que tendrían que aplicarme otro tratamiento, pues yo era muy dura.

»Me desataron, lavaron las manos y me tomaron las huellas digitales. Luego me llevaron a otra sala; pedían un palo para ha cerme algo con él. Me decían que con el tratamiento que recibiría tendría que saber hablar. Siempre con la vista tapada, me hicieron sentar en el suelo, me amarraron las manos por delante de las rodillas de modo que entre el codo y las rodillas quedara un pequeño hueco por el cual metieron un palo más o menos del grosor de [100] un tubo fluorescente, astillado, lo que me provocaba heridas. Quedé en una posición incómoda, casi imposible de soportar. Suplicaba que me dijesen qué querían de mí. Incluso ofrecí culparme de algo. Sin embargo, ésa no era toda la tortura, pues me levantaron tomando el palo por los extremos, me pusieron en una mesa y lue go sentí un dolor inenarrable, pues comenzaron a colgarme levantando el palo por los extremos. Las piernas y los brazos los sentía como desgarrados; sentí que acomodaban el palo como en una estructura firme y mi cuerpo se balanceaba. Me dejaron colgada. Por un momento sentí que ponían electrodos en los senos, en la vagina, en los pies, en las sienes. Todo esto me provocaba convulsiones y tanto dolor que perdí el conocimiento. (Para mayor abundamiento, acompaño croquis de esta tortura. Así podrá apreciar U. S. Iltma. el ensañamiento con que se actuó en mi contra.)

»Mis torturadores se preocuparon por mi desmayo, pues cuando volví o recuperé el conocimiento estaba tendida en el suelo y me daban fricciones en el cuerpo. Una persona que decía ser doctor me preguntaba cómo me sentía. Le dije que la cabeza, al parecer, se reventaría por el dolor, ya que cuando estaba colgada me quedaba hacia abajo. Mentí para lograr que disminuyera la tortura. Le dije a esta persona que cuando era niña había tenido una serie de traumatismos; también le dije que tenía temor de ser violada; que actualmente tenía una infección en las vías urinarias. Entre los torturadores se incriminaban mutuamente, ya que producto de estas torturas me habían quedado huellas en el cuerpo, las que tendrían que desaparecer. A partir del viernes 21 de marzo sólo fui objeto de presiones psicológicas, siempre destinadas a que reconociera participación en hechos y actividades de las que no tengo conocimiento alguno, de que relatara actividades de vecinos o amigos.»

Más adelante expone en el mismo escrito:

«Hago presente que durante mi detención siempre estuve con los ojos vendados, casi siempre desnuda. Se me decía que tenían a mi hijo de siete años detenido y que me había visto desnuda y colgada; que le cortarían los dedos si no hablaba», etc.

Se adjunta croquis de las torturas aplicadas y el informe de lesiones expedido por el Instituto Médico Legal.

Denuncia de torturas aplicadas en un recinto secreto de la CNT presentada ante la Tercera Fiscalía Militar. J. M. B. M., detenido en el mes de julio de 1980 (extracto):

«Fue entonces, aproximadamente a las 19,30 horas, cuando me llevaron a otra pieza, amenazándome con introducirme un palo por el ano, colgarme y otro tipo de represalias. Para llegar a la [102] otra pieza debo haber caminado unos 30 ó 40 metros por un pasillo, al final del cual bajé un escalón, caminé unos cuatro o cinco pasos, subí nuevamente dos escalones y bajé uno. En la habitación había por lo menos seis personas mis, todos guardias de la CNT.

»En este cuarto me hicieron desnudarme por entero y me amarraron en un catre que supongo era metálico y estaba sin colchoneta o con una de gimnasia delgadíta, por lo que sentía los muelles. Fui amarrado, seguramente con cuerdas muy firmes, por los tohillos, muslos, pecho y antebrazos. Sentía que entre las amarras me metían cables o alambres eléctricos. Entonces principiaron a aplicarme electricidad en el pene y ano, introduciendo cables por los orificios de los mismos. Esto me provocaba fuertes contorsiones: saltaba y gritaba como loco. También me pusieron electricidad en el pecho y tuve la sensación de que por debajo de la venda me introdujeron dos cables en los ojos para lo cual me obligaron a quitarme las lentes de contacto. Al levantarme la venda para hacerlo, pude ver a uno de los torturadores, que me dijo: "Mírame, no mis; porque hay varios que ya me conocen." Este era de pelo rubio, ojos azules, bigote de tipo mejicano, mis bien gordo, de pelo liso abundante, peinado hacia un lado; vestía una parca oscura cuyo color no recuerdo.

»El procedimiento - que no sé cuanto duró, pues por el fuerte dolor que sentía perdí la noción del tiempo - era el siguiente: me aplicaban corriente un rato y luego paraban y me hacían descansar.

»En una ocasión me tuvieron aproximadamente media hora descansando, amarrado a la cama que ellos denominan "parrilla". Después de ese descanso nuevamente me aplicaron electricidad, y en el estómago. Sentí fuertes dolores y creo haber perdido la consciencia. Durante este interrogatorio sentí que también se encontraba en la habitación ..., quien era interrogada y golpeada. Sentí dos bofetones. Todo ello ocurrió obviamente antes de perder el conocimiento.

»Posteriormente, en un estado de semiinconsciencia, ni que decían que si lo declarado por mí no era cierto me iban a matar. Me desataron y vistieron ellos, pues no controlaba mi propio cuerpo; sentía que se me doblaban las piernas y me caía. En esos momentos no pensaba en nada; casi no podía articular sonidos. A la rastra me lleyaron a otro cuarto, donde me sentaron en una silla, esposíndome una mano al respaldo del asiento. Me pusieron un lípiz de pasta en la mano derecha y me exigieron que escribiera todo lo que había declarado, para lo que me levantaron la venda. Comencé a escribir, y sólo recuerdo haber puesto: "Me llamo J. N. B. M. ...", sobreviniéndome un ataque como de asfixia: no [103] podía respirar y sentía una sed enorme. Escuchaba apenas cómo los aprehensores corrían desesperadamente de un lado para otro diciendo cosas como "le dio un ataque", "hay que llevarlo a un doctor".

»Sentí que me quitaban las esposas y era arrastrado a otra habitación. Allí me desnudaron nuevamente y ni cómo un supuesto médico - no me consta que lo fuera- increpaba a mis torturadores diciendo que yo no había llegado en ese estado. Me hizo orinar, lo que me costó mucho. Al fin pude hacerlo en medio de atroces dolores. Por lo que pude escuchar parece que oriné sangre. A continuación se me colocó en el brazo derecho una inyección y fui arrastrado esposado a otra pieza, donde me tiraron sobre una colchoneta que estaba en el suelo, y me taparon con una manta. Escuchaba voces lejanas y débiles, que podían ser de ocupantes de esa u otras habitaciones.

»Transcurrido un tiempo que no puedo precisar, me despertaron para conducirme a otra dependencia. Después de examinarme el estómago y las costillas, que me dolían fuertemente, los médicos - aceptemos que lo fueran - dijeron: "Hay que llevárselo a la clínica." Me encontraba sobre una camilla. Me trasladaron a otra, portítil, y de allí, siempre con los ojos tapados, a un vehículo; supongo que era una ambulancia. No sabia el día ni la hora.

»Después de un trayecto, que calculo en una hora, por un camino pavimentado y al final de tierra, llegamos a un recinto en el cual fui bajado y llevado a una pieza en que había varios guar dias. Comentaban jocosamente: "A este huevón hay que matarlo." En pie se me tomaron cuatro radiografías de frente y de costado.

»A continuación fui acostado en un sillón largo mientras "los jefes resolvían qué hacían conmigo". Un rato despues salieron, produciéndose una discusión entre ellos, porque el doctor insistía en que fuera llevado a un hospital donde podía ser mantenido en aislamiento completo. Mi interrogador se negaba rotundamente, sin dar razones para ello. Fue entonces cu indo el medico me preguntó si había sido operado anteriormente del estomago. Estos médicos eran distintos de los del recinto primitivo. Es obvio que este recinto era una completa clínica clandestina.

»Finalmente, decidieron dejarme alli y me colocaron en una camilla que estaba en una habitación. Debo haber estado unos dos o tres días allí. Fui interrogado dos veces, por alrededor de seis horas cada vez, y ahora bajo la seguridad del médico de que no sería torturado nuevamente porque estaba bajo su protección, lo que realmente aconteció, va que no hubo violencia física.[104]

»Las preguntas centrales fueron sobre mi posible participación en acciones armadas, la que negué, pues nunca ha ocurrido. Preguntaron por toda mi trayectoria política, amigos, por mi perma nencia en el extranjero, relación con el MIR en el exterior, cómo había vuelto a Chile, lugar orgánico de mi trabajo político en Chile.

»Al día siguiente de estos dos interrogatorios fui llevado nuevamente en camilla y en la supuesta ambulancia al lugar primitivo, de lo que estoy seguro, pues había el mismo baño que ocupaban para hacer orinar a los prisioneros. Me dejaron descansar, al parecer un día entero, luego del cual volvieron a interrogarme sin violencia física. Las preguntas se dirigían a mi posible participación en secciones armadas y trabajo universitario del MIR. Me dijeron que les había dado dos puntos de contacto falsos que no les habían servido; por ello dijeron que me matarían. Escuché que decían que me trasladarían en un auto con escolta, que me harían cavar un hoyo y que me fusilarían, todo ello matizado con insinuaciones de que yo sabía que ellos habían matado a ... y a ... y que yo correría igual suerte.

»El viaje, que lo hice con los ojos tapados, duró aproximadamente una hora o quizá un poco más. Una persona les abrió una especie de portón, al final de un camino de tierra. Me bajaron y me pusieron grilletes en los pies, me pasaron una picota y una pala; a ciegas me hicieron caminar un trecho. Me sacaron la venda, colocándose todos detrás mío, alumbrando con linternas, pues era de noche. Me obligaron a bajar una pequeña ladera. Sentía graznidos de pájaros. No estoy seguro si eran gaviotas; el campo estaba muy embarrado. Me ofrecieron decir algo antes de que me mataran; con testé que no tenía nada más que decir. Entonces con la picota y la pala hube de cavar una fosa de unos cincuenta centímetros de pro fundidad, un metro de ancho y dos de largo aproximadamente. El terreno que picaba no era duro; era como pantanoso y estaba reblandecido por la lluvia. Al concluir la faena me hicieron tenderme de lado en la fosa; sentí que alguien metía una bala en un fusil y me lo ponía en la sien. Otro comentó: "Corre el fusil para atrás mejor, porque si no le van a saltar los sesos." Antes de introducirme en el hoyo me habían quitado los grilletes de los tobillos diciendo que me iban a amarrar con alambre para que se supiera que "me había matado la DINA".

»Luego de un rato me sacaron de la fosa, me pusieron esposas, grilletes y venda, y a empujones me llevaron hasta el auto en el que fui devuelto a la misma casa.»

- Siete estudiantes de Agronomía de la Universidad de Chile, detenidos la noche del 28 de abril en un operativo en el que [105] participaron un centenar de efectivos de carabineros, CNI e investigaciones en el sector del Campus Antumapu (Comuna de La Granja).

- M. L. P. Detenida en su domicilio junto a su hijo, de tres meses de edad. Instantes después los mismos agentes detuvieron frente a la Escuela de Agronomía a R. F. Ambos fueron conducidos con el coche a una comisaría judicial, y posteriormente al Cuartel Central de Investigaciones, donde permanecieron hasta el día siguiente hasta las 21,00 horas, momento en que fueron trasladados hasta un recinto secreto de la CNJ, presumiblemente el inmue be ubicado en la avenida Santa María con López.

El bebé, que se encontraba en el período de lactancia, le fue arrebatado a la madre y entregado posteriormente a la abuela paterna.

Fueron detenidos además cinco jóvenes, tres hombres y dos mujeres, una de ellas embarazada de tres meses. Luego de ser desnudados en la calle, fueron conducidos a la 13,a Comisaría de Carabineros, lugar donde fueron golpeados brutalmente con pies, puños y culatas de armas en distintas partes del cuerpo.

Posteriormente las dos mujeres del grupo fueron llevadas a la 12,a Comisaría. El resto permaneció en la misma unidad policial, vendados y esposados durante toda la noche. Al día siguiente se les condujo a la Comisaría José María Caro. Alrededor de las 22,00 horas, agentes de la CNJ los trasladaron a éstos y a las mujeres a un recinto secreto. De tal manera, que los siete estudiantes detenidos se reencontraron. Durante los interrogatorios eran amenazados con que iban a ser "pasados por la máquina" y con hacer - los "desaparecer" diciéndoles que ellos sabían las reglas del juego.

Finalmente, fueron dejados en libertad en medio de amenazas. A uno de los jóvenes, al que los maltratos le provocaron la rotura de una costilla, volvieron a detenerlo días después, permaneciendo un día entero en un recinto secreto de la CNI.

En denuncia interpuesta ante la 1.a Fiscalía Militar contra funcionarios de la CNI por el delito de violencia innecesaria, 1. A. D. 1., en extracto, relata:

.... Al llegar a dicho cuartel, se me hizo descender del vehículo y fui llevada de inmediato a una pieza. Allí se me vendó, sin sacarme el scotch, con un trozo de género grueso. Inmediatamente fui desnudada por mis aprehensores, entre golpes (...), manoseos y groserlas...

..... Me amarraron de manos y pies (...) y me acostaron con las extremidades extendidas y abiertas sobre lo que parecía ser un [106] catre de hierro. Las preguntas eran acompañadas de golpes de corriente que recibía a través del catre en que me hallaba...

-. Otra vez soy desnudada, entre golpes y manoseos, y nuevamente me amarran al catre o parrilla. Ahora la aplicación de corriente es por zonas del cuerpo, en el busto, en la espalda a la altura de los pulmones, en el abdomen. Mientras me descargaban la corriente, era quemada en un hombro con cigarrillos. En esta oportunidad el dolor era más intenso y localizado. Las torturas duran largo tiempo, hasta que caigo en la inconsciencia. Despierto no sé cuánto tiempo después, tendida en la colchoneta. Estoy desnuda y con una manta que sólo me cubre los pies.

»Después de ello me llevan, me desnudan y me acuestan amarrada a la parrilla. Me aplican corriente, ahora en los brazos, rodillas, cuello y mamas. Me vuelven a hacer preguntas entre insultos. Las torturas me hacen perder el conocimiento y vuelvo a despertar desnuda sobre la colchoneta. Al verme despierta, otra vez me amarran sobre la parrilla (...). Alguien se me acerca y me dice que estoy mal y que voy a morir. Luego llega un grupo de individuos gritando y ordenan recomenzar con la aplicación de corriente.

»En esta oportunidad se me aplica electricidad en ambas manos, especialmente en la derecha, primero en los costados de ellas, y luego en los pezones. Siguen con corriente en el abdomen y en el ombligo, luego en la parte externa de los genitales, en la ingle, mientras me queman con cigarrillos en la zona púbica. Me conectan electricidad conjuntamente en el brazo derecho y en el clítoris, labios mayores y menores. Finalmente, me aplican corriente de forma simultánea en la vagina y ano. Al llegar este momento el dolor es tan intenso que pierdo el conocimiento. Al volver en mí me doy cuenta de que se me está haciendo respiración boca a boca, mientras me aprietan el estómago. Escucho que alguien dice: "Paren, que se va a ir."

»De pronto me doy cuenta de que ... entra en el lugar y que se le hacen una serie de preguntas. Se lo llevan y continúan con la aplicación de corriente en los mismos lugares del cuerpo. Cada golpe de electricidad a estas alturas me provoca un desmayo y cada vez se me hace volver en mí mediante respiración boca a boca. Junto con la electricidad que se me aplica, soy amenazada de ser violada por mis captores y de ser entregada a un perro.

»Por último fui desatada, nuevamente vestida y llevada a otra oficina, donde fui mostrada a otro detenido. En este lugar fui interrogada, esta vez con golpes en la mandíbula y con ambas manos a la vez en los oídos. [107]

»Terminado este interrogatorio, me llevan a otra pieza, amplia y de color amarillo, según pude ver, donde me dejaron tendida sobre una colchoneta.

»A partir de este momento ya no pude volver a caminar y a cada interrogatorio me llevaban a rastras.

»Más adelante nuevamente me llevaron a la parrilla, donde, junto a golpes y amenazas de violación, me aplicaron electricidad, localizada en brazos, manos, ingles y genitales. Después de esto fui nuevamente metida en un calabozo, ahora sola. De allí fui saca da dos veces para ser fotografiada... »

Denuncia de torturas en provincias.

Entre el 11 y el 18 de mayo de 1980, en la ciudad de Talca fueron detenidas en sus domicilios 28 personas, 10 de las cuales fueron liberadas sin ser puestas a disposición de tribunal alguno, después de interrogárselas en un lugar secreto de los organismos de seguridad. Otros 15 fueron entregados entre los días 17 y 20 de mayo a la Fiscalía Militar de Talca, lo que, en definitiva, después de varios días, los dejó en libertad..., pese a lo cual fueron de nuevo detenidos y puestos ahora a disposición de la Fiscalía Militar de Curicó. En cuanto a los últimos tres fueron puestos a disposición de un Ministerio de la Corte de Apelaciones de Talca, quien dispuso su libertad por falta de motivos para procesarlos.

Los testimonios acerca del período que media entre las dos detenciones señalan que los detenidos fueron objeto de torturas tales como aplicación de corriente eléctrica, introducción de agua por nariz y oídos, puñetazos y patadas, duchas con agua congelada, uñas arrancadas, apremios psicológicos, etc.

A todos los detenidos se les obligó a firmar documentos en que dejaban constancia de tener vinculaciones con la Iglesia, de ser militantes de partidos políticos de oposición, de no haber recibido malos tratos y otra serie de declaraciones en que los detenidos se inculpaban de hechos que sólo existían en la imaginación de los torturadores, Se les fotografió e incluso se les filmó, llegándose a obligar a uno de ellos a que memorizara un cuestionario con preguntas para la «actuación».

Declaración jurada: En Talca, a 29 de mayo de 1980, compa rece don V. P. M. B., empleado, domiciliado en Talca, casado, chileno, mayor de edad, quien expone:

«Con fecha de 14 de mayo recién pasado y siendo aproximada mente las seis de la mañana, cinco individuos de civil llegaron a mi hogar y luego de pedir mi identificación procedieron a allanar mi [108] casa. Me preguntaron si tenía material escrito de carácter subversivo, a lo cual les dije que no tenía nada relacionado con eso. Sin embargo, me registraron y se llevaron todo lo que encontraron en relación con la Iglesia Católica, como boletines de solidaridad, fichas metodológicas y libros editados por el Servicio de Educación Popular (SEP), un libro escrito por el padre José Comblin sobre seguridad nacional y otros editados por la Iglesia sobre aspectos sindicales, de derechos humanos, etc.

»Luego de allanar mi domicilio me exigieron que los acompañara. Les pedí que se identificaran, y les pregunté si traían orden escrita de detención o arresto contra mí. No quisieron identificarse y procedieron a llevarme con ellos.

»Inmediatamente fui introducido en una camioneta cerrada de color verde-plomizo. Me hicieron tumbarme, me taparon con una manta y me vendaron los ojos con mi pañuelo; de allí fui conducido a un lugar desconocido, que, presumo, era un cuartel de la CNI, ubicado en calle 4 Oriente, entre 3 y 4 Norte de esta ciudad. En dicho lugar fui llevado a una pieza y, luego de preguntarme el nombre y lugar de trabajo, procedieron a golpearme en la cabeza, oídos, cara y el pecho con los pies; además, me doblaron los brazos y piernas.

»En este primer interrogatorio me preguntaron sobre actividades que yo cumplía en la Iglesia Católica sobre el SEP Pastoral Obrera. Insistían en que diera nombres de los dirigentes y participantes, que dijera a qué partido político pertenecían.

»En el segundo interrogatorio me preguntaron sobre armas largas y cortas que, según ellos, habrían sido escondidas durante el mes de septiembre de 1973 por miembros del Partido Socialista, y en la cual yo habría tomado parte. Le dije que yo había declarado todo lo que sabía y hecho en relación al Partido Socialista en el año 1973; que había sido condenado a dos años de presidio por un consejo de guerra, y que nada sabía aparte de lo declarado ese año.

»Insistieron en que yo había dicho parte de la verdad en los interrogatorios de 1973; esto a juicio de ellos se debió a que en ese entonces yo no había sido torturado... Como mis respuestas eran negativas, me ordenaron que me desvistiera completamente; luego me esposaron las manos a la espalda; en seguida fui envuelto en una manta. Varios de los individuos me sujetaron y en el suelo y con una manguera a presión me echaron agua en las narices, boca y oídos; esto lo repitieron varias veces.

»Durante esta tortura me preguntaban además sobre Linares y [109] Curicó. Me decían que debía dar nombres de personas que estuvieran vinculadas tanto a la Iglesia como a la resistencia...

»Me exigieron que contestara un cuestionario, previamente elaborado, incluso en las respuestas. Fue grabado y televisado en el mismo recinto donde me encontraba detenido. El entrevistador, un hombre de alrededor de sesenta años, era uno de los interrogadores habituales y era llamado unas veces "señor Director" y otras "Doctor". Se me advirtió que debía realizar esto; de lo contrario, estaría irremediablemente perdido. En otro momento se me dijo que yo saldría favorecido con la entrevista: si lé hacia, nada me pasaría. Me consta que esta entrevista fue grabada y televisada, ya que al final de ésta se me mostró el monitor donde aparecía mi imagen y los audífonos donde escuché la entrevista. Previo a la grabación me entregaron el cuestionario para memorizarlo durante la tarde completa; incluso ensayamos en grabadora, ya que, según ellos, debía aparecer lo más relajado posible ante las cámaras.

Declaración jurada: J. A. G. G., doctor en Ciencias Agrícolas, casado, mayor de edad, detenido en la ciudad de Molina el 31 de octubre de 1980 (extracto):

«Una vez que me tuvieron tendido en el somier me dijeron: "Aquí vamos a ver que hables, ya que ahora tenemos veinte días para conseguirlo y no cinco." Procedieron a amarrarme las manos con un cordel por la espalda a la vez que me mojaron con agua en todo el cuerpo, especialmente en la parte de los genitales. Sentí que a poca distancia otra persona daba vueltas a algo, que me dio la impresión de ser similar a un teléfono antiguo. Pensé que se trataría de un generador y que me aplicarían tormento con corriente eléctrica; mis presunciones fueron confirmadas, ya que sentí un fuerte dolor en el abdomen y en los genitales a medida que me ponían unos alambres que en sus extremos tenían algo así como unas piedrecillas. Uno de los torturadores entretanto con un palo mojado me presionaba fuertemente en la zona de las sienes, y otro en mis piernas. Me apretaron fuertemente el tórax con las manos. Creo que todo lo descrito duró más o menos una media hora, y los sujetos comentaban: "Así que eres de los duros. Te gusta que te verdugueen." También me dijeron que contestara sus preguntas y que si no mi cónyuge lo pasaría mal, pues la tenían detenida. Debo señalar que por momentos creí que efectivamente podrían haber detenido a mi cónyuge. Perdí la noción del tiempo, aunque podía captar que aún era de día, pues estaba claro. Continuaron amenazándome con mi esposa, a la vez que me decían que quién cuidaría "al cabro chico", refiriéndose a mi hijo. Siguieron golpeándome y echándome agua. Dieron orden de que me sacaran del [110] somier y me obligaron a ponerme los calzoncillos, que estaban totalmente mojados; las demás vestimentas tuve que ponérmelas por encima, y poco después sentí mucho frío. Fui sacado de la sala de tortura a la vez que decían: "Vamos a ver si habla tu mujer. Nosotros no tenemos nada que ver con los derechos humanos, los derechos del hombre y la Vicaría. Aquí mandamos nosotros." Yo sentía mucho frío y creo que me estaba entumeciendo, pues me tenían inmóvil y en pie. En cierto momento vino uno de los suje tos y me desató y me dio instrucciones para que me pusiera la camisa y la chomba. Me dieron algo de comer. Me preguntaron nuevamente mi nombre, el carnet de identidad. Luego me hicicron firmar un documento en el que decía que me habían devuelto las especies y que no había recibido apremios de la CNI de Curicó. Después me examinó una persona que dijeron que era el médico. Pude darme cuenta que se trataba de un hombre macizo, de grandes manos peludas. Me palpó en diferentes partes del cuerpo y me preguntó si me habían golpeado, a lo que respondí afirmativamente; después me preguntó si me habían aplicado corriente, a lo que también contesté que sí; me preguntó dónde y lo indiqué. Procedieron a secarme la zona en que yo indicaba y el médico me preguntó: "¿Está seguro?" Sentí que empezaban a darme una serie de patadas y puñetazos, a la vez que otras personas preguntaban: "¿Quién te ha pegado? ¿Quién te ha aplicado la corriente? ¿Quieres seguir en la parrilla?" Ante esta nueva paliza, y en la certeza de que quien me examinaba era un médico cómplice de las torturas, me di cuenta de que nada ganaba con decir que me habían golpeado, y pese a lo absurdo de la situación y de que me estaban golpeando y amenazando, dije que no me habían torturado ni aplicado corriente. Mi capacidad física se encontraba en el límite, pues durante todo ese tiempo me habían mantenido en pie... Me dejaron en esta posición en la misma sala y pude estar tranquilo por un rato... Me dio la impresión de que había llegado la noche. Debo señalar que en forma permanente se sentía música, grabaciones tomadas de emisiones radiales, pues era frecuente escucbar la hora, que no tenía ninguna concordancia con la que hacía poco rato habíamos escuchado, lo que me hizo pensar que todo esto estaba friamente programado para hacer que nos desorientáramos en cuanto al transcurso del tiempo... - Me llevaron: arrastrando hasta el somier "parrilla", como le llamaban los torturadores, y allí me tendieron, a la vez que me decían: "Ahora tienes que cantar, negro." Me desnudaron y me llevaron al baño, donde con una cacerola me mojaron por todo el cuerpo... Fui amarrado de pies y manos y nuevamente me aplicaron corriente, pero ahora lo hicie[111]ron con un aparato distinto; éste parecía más bien un bombín, con la punta de éste me presionaban el pecho, la frente, el ano, los testículos..., y me di cuenta de que gritando se me aliviaba un poco el dolor, por lo cual lo hice, y los sujetos trataron de impedirlo. Me taparon la boca y me hacían cosquillas en los pies, a la vez que me presionaban los muslos y me decían: "Tenemos una caja con mierda", a la vez que procedieron a ponerla en mi boca y me obligaron.a ingerir parte de ella. Los sujetos decían: "A nos otros no nos vas a ganar... Vamos, come." Después de esto me hicieron descansar un rato. Dijeron: "Te vamos a dar un descanso, y te vamos a traer de nuevo." Me hicieron vestir y me sacaron del lugar hacia otra pieza; por un momento pensé que ya me deja- rían tranquilo. Sin embargo, me llevaron hasta cerca de donde estaba uno de los sujetos que manejaba los equipos de música me dieron instrucciones para que permaneciera en pie y levantara una de las manos con la palma hacia arriba hasta que ésta se viniera abajo por efecto del cansancio, después de lo cual debía repetir la operación con la otra mano, y así sucesivamente. Pero esto no era todo; en cada oportunidad en que se me caía una de las manos me golpeaban para intentar que la volviera a subir. Después llegó otro sujeto y me dio ordenes para que me sentara en el suelo. Seguramente debido al cansancio, la falta de oportunidades para dormir, las torturas y los golpes recibidos, sentí que estaba afiebrado y que estaba en un mundo irreal: me imaginé que estaba en una gran sala alfombrada y que había mucha gente tomando café. En algún momento volví a recuperar la consciencia en parte y me di cuenta de que estaba sentado en el suelo y que uno de mis verdugos me señalaba que estaban verificando mis datos y que tal vez podría quedar libre. Me tomó el pulso y me dijo que descansara . »

De 67 casos de personas torturadas en 1981 hemos tomado 105 de 14 mujeres y 36 hombres detenidos por la Central Nacional dc Informaciones, confeccionando en función de lo relatado un cuadro de los métodos de tortura física y psicológica aplicados.

Nos ha llamado la atención que algunas de las personas relatan extensamente las torturas de tipo físico, dándole mucha menos importancia a las de tipo psicológico. Solamente cuando se les pregunta relatan las amenazas, las humillaciones, la venda, la música estridente, etc. Otros dicen haber soportado el dolor, los golpes, la aplicación de corriente eléctrica, etc.; afirman que lo que más les afectó fueron los apremios psicológicos, que lograron quebrarlos emocionalmente. [112] Es necesario señalar que en 1981 adquiere gran importancia la manipulación psicológica. Se busca la colaboración del resistente; el torturador «bueno» no sólo trata de que la persona delate, sino más bien que se entregue y entre a cooperar con los servicios de seguridad.

Descripción de los medios de tortura.

Durante 1981 se comprueba la aplicación de las siguientes formas de tortura:

A. Tortura física (44 casos):

a) Golpes de pies y mano en todo el cuerpo y/o en lugares específicos, como cara, estómago, genitales. En dos casos se golpeó a los detenidos con una tabla en la nuca y espalda.

«Recibí golpes en diversas partes del cuerpo, en la espalda, en los brazos, en los testículos. - . » (L. P. L.).

«... Además, me golpearon con puñetazos y patadas en distintas partes del cuerpo mientras permanecía cegado y esposado. Tam bién recibí golpes con una tabla.. - » (M. 5. C.).

«Los apremios consistieron en golpes violentos con pies y ma nos en varias partes del cuerpo y golpes con un objeto contundente (al parecer una tabla de madera) dirigido especialmente a la nuca y espalda... » (E. P. J.).

b) Teléfono: golpe dado con las palmas abiertas en los dos oídos al mismo tiempo.

«Se me hizo en dos ocasiones el "teléfono", golpeándome con ambas manos en forma simultánea en los oídos, lo que causa un dolor insoportable... » (L. P. L.).

«Fui golpeada en los oídos, lo que me provocó un desvanecimiento... » (O. A. P.).

c) Aplicación de electricidad en parrilla.

«Fui llevado a una pieza, en donde me aplicaron lo que mis interrogadores llaman la "parrilla". Para elló me desnudaron, me tendieron y amarraron a una camilla... y me aplicaron violentas descargas eléctricas... » (A. M. V.).

«Se me hizo colocar en una camilla, a la que fui amarrada, y recibí cuatro fortísimas descargas eléctricas... » (R. P. M.).

d) Aplicación de electricidad en partes sensibles del cuerpo (manos, sienes, pecho, genitales, ano, mamas, etc.).

«.... Se me llevó a una camilla, completamente desnudó, amarrándome contra la misma fuertemente. Luego procedieron a apli[114] carme durante el interrogatorio fuertes descargas eléctricas, ubicando los electrodos en el estómago y en ciertos momentos en los testículos...» (J. D. P.).

«Un agente me pasó dos llaves de puerta, una para cada mano que estaban unidas a cables eléctricos, recibiendo un golpe de corriente...» (L. P. L.).

«... Aplicaciones de corriente eléctrica en pies y manos, frente y ano, que me causaron un dolor intenso... » (M. S. C.).

«Se me aplicó en varias oportunidades corriente eléctrica en el pene, en los testículos, en el ano, en las piernas, en la lengua y en los dientes...» (G. J. A.).

e) Tortura sexual, violación o agresión de tipo sexual.

«... Los torturadores la sometieron a prácticas sexuales aberrantes... Es violada sucesivamente por varios individuos, y ade más con relaciones anales, eyaculación en su cuerpo..., le introducen el órgano genital masculino en su boca, eyaculando en su interior... » (J. U. M.).

«... Me empezó a manosear. Uno me tomó la espalda y el otro procedió a desnudarme; se sentía muy excitado y luego me violó. No pude defenderme, no pude gritar...» (L. M. G.).

f) Posturas forzadas, en pie por horas, sentados sin moverse, esposamiento constante.

«Durante toda la primera noche se me mantuvo parada... » (R.P.M.).

«Me llevaron a otro lugar, donde debí permanecer en pie fren te a una pared, con los brazos siempre en alto; cuando, por el can sancio, se me caían, me golpeaban para forzarme a subirlos... » (G. J. A.).

«Me hicieron ponerme en la pared, con los brazos arriba y las piernas entreabiertas. En esta posición me hicieron permanecer durante dos horas...» (S. E. A.).

«Se me mantuvo todo el día vendado y esposado...» (H.P.C.).

g) Agua: aplicación de agua a presión, aplicación de aguas en las fosas nasales.

«... Me amordazaron fuertemente, con la cabeza hacia atrás, acostado en la camilla. Con una especie de jeringa me aplicaban chorros de agua por los orificios nasales... Al mismo tiempo me aplicaban en determinado momento una especie de golpe de karate en el estómago... » (J. D. P.).

h) Pau de Arara: colgamiento con aplicación de electricidad.

Me llevaron a una pieza, me desnudaron, me amarraron las mufiecas, me hicieron agacharme descansando en los pies y poniendo los brazos por fuera de las rodillas. Pasaron por el hueco [118] que quedaba entre los brazos y las piernas un palo, el que a su vez estaba amarrado a una soga que estaba sostenida en el techo. Tiraron de la soga y comenzaron a suspenderme hasta llegar a media altura. En dicha posición, de por si extremadamente dolorosa, comenzaron a aplicarme corriente en las muñecas, corazón, sienes, testículos» (C. E. P.).

i) Quemadura hecha con cigarrillos.

se me aplicaron cigarrillos encendidos en los glúteos... » (V. N. L.).

j) Privación de alimento y agua.

«... hasta ese día nunca me dieron comida; sólo una taza de té...» (V. B. P.).

«... no se me dio de comer ni beber ese día... » (E. A. C.).

k) Focos de luz potente continuada.

«... también para impedirnos dormir normalmente se mantenía una fuerte luz que penetraba nuestras vendas... » (B. R. G.).

B. Toriura psicológica:

a) Venda: al detenido se le priva de la vista durante todo el secuestro, día y noche.

«... entre los días 6 y 9 de marzo, mantenido en lugar secreto con los ojos vendados y esposado... » (J. D. P.).

«... me vendaron los ojos, poniéndome una cinta de scotch en ellos...» (R. P. M.).

«... fui mantenido los once días que duró el encierro con los ojos tapados... » (M. R. R).

b) Desnudarse ante los captores.

.... se me obligó a desnudarme, mientras un anónimo agente de la CNI me decía groserías e indecencias... » (V. B. P.).

«... dos tipos se acercaron y me empezaron a desvestir; yo, entre sollozos, les gritaba: "Déjenme". ..» (L. S. T.)

c) Groserías e insultos soeces.

«... me amenazaron constantemente en el lenguaje más soez y grosero inimaginable... » (O. A. P.).

«... durante todo el trayecto debí soportar groserías de los agentes...» (R. P. M.).

«... entraron varios a la celda; empezaron a gritar: "Nos engañaste, vieja 'recuhá', vas a ver lo que te va a pasar, perra concha de tu madre"... » (L. S. T.).

d) Interrupción del sueño.

«...durante toda la primera noche se me mantuvo parada y [120] se me impidió dormir. En los días siguientes tampoco me permitieron hacerlo...» (R. P. M.).

.... periódicamente llegaban agentes que por la ventanilla me preguntaban mi nombre, los de mis familiares, etc. Esta operación la realizaban incluso de noche y madrugada... » (L. M. G.).

«... siempre fuimos despertados en las noches con golpes en la cabeza y palabras soeces...» (B. R. G.).

e) Música estridente continuada.

.... colocaban música muy fuerte, lo que me impedía dormir» (M. U. C.).

.... me llevaron al lugar en que se encontraban los equipos de música, los que pude oir durante todo el tiempo de mi detención. . .» (G. J. A.).

«... debo señalar que durante todo el tiempo se mantuvo encendida una radio o una grabadora a todo volumen...» (5. E. A.).

f) Amenazas de muerte a la persona y/o a familiares.

«... asimismo amenazaron con matarla si la veían en la calle...» (O. A. P.).

«... amenazaron que seria muerto su esposo y también con dar muerte a todos sus hijos...» (R. P. M.).

«... ahora te vamos a matar, a tu mujer y al cabro chico... » (E. A. C.).

g) Amenazas de tortura, violación, detención a la persona y/o familiares. En algunos casos la manipulación se hace con grabaciones de llantos y gritos de mujeres o niños, o dándole datos de la próxima detención de familiares haciendo la descripción física de ellos.

« . . . Amenazas en contra de mi hija de trece años de edad: "¡Putas, que nos vamos a divertir viéndola aquí en pelota! " (des nuda)» (J. D. P.)

«Me dijeron que habían ido al colegio de mis hijos menores a detenerlos, que los traerían pronto, que los torturarían y que violarían a mis hijas... » (O. A. P.).

«... La amenaza de llevar a nuestras esposas e hijas para torturarías de igual forma. Varias noches sentimos que se intentaba abusar sexualmente de mujeres, por lo que las amenazas eran verosímiles... » (B. R. G.).

.... amenazas en contra de toda la familia, y especialmente contra su mujer, la que fue trasladada basta la CNI con el fin de presionarlo; ésta se encontraba en avanzado estado de gravidez; lo amenazaron con hacerla abortar a fuerza de golpes... » (S. S. F.). [121]

h) Presión para colaboración bajo las amenazas descritas anteriormente o por medio de la acción de convencimiento desplegada por un torturador amable, «bueno».

«... Durante seis o siete horas me interrogó... Me pidió que hablara sólo desde mi infancia hasta ahora. Me insistía en que reconociera mi filiación comunista... Me contó anécdotas de su vida, lo difícil de este proceso. Según él, había muchas cosas criticables... Finiquitó algunos detalles de mi declaración. Contra mi voluntad, puso que yo tenía "ideas comunistas". Me dijo que trataría de ablandar al director, explicándole la nobleza e inteligencia de mi persona...» (S. R. J.).

.... asimismo debió conversar con una persona que, según le dijeron, era sacerdote, "capellán del recinto". Este le manifestó que venía de la Vicaria y le pedía que confesara toda la verdad; por su voz el afectado lo reconoció como uno de los aprehensores... Recibió amenazas y presiones para "colaborar" con la CNI; incluso se le ofrecía dinero para que lo hiciera. Se le dijo que dicha colaboración permitiría que no lo despidieran de su empleo. Finalmente, al ser liberado debió decir que aceptaba tener un contacto cen agentes de la CNI, encuentro al que no concurrió en definitiva.. .» (M. R. R.).

«En los últimos interrogatorios no fue golpeada físicamente, sino que recibió excesos de gentileza, promesas de mitigación de las torturas recibidas. Un agente al que le dijo que había sido maltratada "me aseguró que eso era excepcional y que lo investi garía para sancionar a los culpables; no obstante ello, fue él quien me dijo que debería firmar una declaración expresando mi reconocimiento por el buen trato recibido... » (R. P. M.).

i) Falso fusilamiento.

.... una noche me hicieron simulacro de fusilamiento en el interior de la celda... » (R. H. C.).

«Lo amenazaron con matarlo, acercándole repetidas veces un arma a la cabeza, diciendo que, como babia ingresado al país sin autorización, era persona inexistente y que podían matarlo impunemente.. .» (S. S. F.).

«... me amenazaron con un arma; la cargaban, la colocaban en mis sienes y luego engatillaban. Me hacen bajar, me ordenan que me hinque y que comience a rezar. Me apuntan con una especie de metralleta. Me dicen que me van a matar con esa arma, "un enfrentamiento", y que me van a colocar un revólver en la mano... .» (E. A. C.).

j) Hacer oir o presenciar torturas de otro. [122]

«.... llegó la noche y pude darme cuenta de que mi padre aún estaba en el lugar, ya que se quejaba. . » (M. V. C.).

«... pude darme cuenta que en ese momento golpeaban a una mujer, pues la sentí gritar desesperadamente. Pensé que podía tratarse de mi cónyuge... También pensé que podía tratarse de una grabación previamente preparada para hacerme creer que se trataba de mi señora y así facilitar el interrogatorio...» (5. E. A.).

«... sentí un llanto de guagua; el hombre me dijo: "Esa es su guagua '... Le grité: "No, no es mi guagua..., ella no llora asi » (L. S. T.).

k) Comer excremento y beber orina.

«... en una ocasión los aprehensores me hicieron comer excrementos. Asimismo cubrieron mi pecho, mis brazos y mi rostro de materias fecales..., y en seguida me obligaron a beber orina. . . » (F. E. S.).

1) Inyección e ingestión de drogas.

«... en diversas oportunidades debí ingerir remedios... Estos remedios me los dieron con regularidad a partir del segundo día de reclusión... Sentía una pérdida de control de mi persona, una sensación de relajamiento y de intenso agotamiento... » (V. N. L.).

«Introducida en ese lugar, fue revisada por un presunto médico, que le puso una inyección cuyo contenido ignora...» (O. A. P.)

m) Hipnosis.

«... después de sentir una gran laxitud y un peso en las piernas y en los brazos, perdí la conciencia, sometiéndome a una sesión de hipnosis. Tengo algunas nociones de que fui sometido a interro gatorio encontrándome en ese estado de inconclencia...» (V. N. L.).

n) Condicionamiento por aparato auditivo con aplicación de electricidad.

«Se le colocaron "orejeras" (audífonos), que transmiten una grabación; a ellos se adicionan electrodos que colocan en las sienes de la paciente y un sostén metálico en los pechos.. » (J. U. M.).

o) Filmación de video, fotografías. Aun cuando pudiera no parecer un método de tortura psicológica, las personas sienten gran incertidumbre por el uso que se haga de este material.

«... fuimos televisados uno por uno detrás de un escritorio. Se nos hace mostrar documentos con el diario "El Siglo" y otros periódicos... » (B. R. G.).

«... me vistieron con diferentes ropas, que no eran las mías, y me fotografiaron; a la vez que me peinaban en distintas formas... » (V. N. L.).

p) Firma de documentos autoinculpatorios. [124]

«... finalmente, estos cobardes sujetos me obligaron a redactar una autobiografía y un compromiso de respeto al orden establecido, con la amenaza de que para una próxima detención seré relegado o expulsado del país» (R. R. O.).

«... las declaraciones que debía firmar, con la vista tapada ante mis aprehensores, fueron hechas bajo apremios físicos y psíquicos. . -» (H. P.C.).

«... me hizo firmar la declaración del día anterior, insistiendo que para que el director aceptara mi libertad debía reconocer que era comurnsta...» (5. R. J.).

«... se me amenazaba con terribles torturas. En medio de este clima, que a uno le hace sentir desamparo y con una serie de incer tidumbres, debí firmar documentos cuyo contenido ignoro... » (C. E. P.).

Durante 1982 la aplicación de la tortura se recrudeció. El uso del «Pau de Arara» se intensifica, como que afecta a nueve personas, ocho de las cuales habían sido arrestadas. Se utiliza en cinco casos el método de colgamiento, cuyo uso en los años anteriores (1980-1981) había sido denunciado sólo por una persona.

Los métodos de tortura psicológica mantienen una elevada gravitación y se diversifican, agregándose este año la utilización de arañas para aterrorizar a una detenida.

Quisiéramos insistir que en la aplicación de métodos de tor tura en contra de las mujeres no hay ninguna diferencia respecto de los hombres. Durante este año son torturadas dos mujeres que estaban embarazadas y que posteriormente dan a luz en el lugar de reclusión.

Dos nuevos servicios son denunciados como torturadores en 1982: la DINE, Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército, y la CíE, Central de Inteligencia del Ejército.

Se denuncia también la aplicación de picana eléctrica a los detenidos por parte de carabineros.

Sería necesario recalcar que todas las personas detenidas sufren algún tipo de tortura física y/o psicológica. Sin embargo, debido al temor, ya que son amenazadas y amedrentadas durante y después de su detención, no acuden a los organismos de derechos humanos para denunciar los maltratos que han recibido.

Otras consideraciones

Hemos incluido entre los métodos de tortura psicológica la obligación impuesta a los detenidos de hacer declaraciones ante grabadoras de sonido e imagen, ya que ello genera enorme incerti[125]dumbre en los afectados («la sensación de quedar atrapados en sus manos»).

- R. S. F. (en extracto de la denuncia presentada en la Pri mera Fiscalía Militar de Santiago por torturas, violencias innece sarias y detención ilegal).

«.... Fui llamado en dos oportunidades para ser filmado con una cámara de video ubicada tras un espejo, en una sala alfom brada y con dos poderosos focos iluminándome. Mientras ocurría la filmación se me hacían preguntas, teniendo un micrófono direccional colocado al frente. Estas filmaciones y grabaciones son otra forma de apremio psicológico, ya que no se proporciona ninguna indicación sobre qué objetivo persiguen o qué uso se dará al material obtenido...».

- R. C. O. (en denuncia por torturas aplicadas en una cárcel clandestina de la CNI).

«.... En la tarde del día anterior que iríamos a la Corte somos sacados de la celda, nos maquillan con crema toda la cara y el cue lío, nos ponen rimmel en las pestañas y los párpados. Una mujer de voz joven nos dice que es para que aparezcamos mejor en la televisión en color... Fuimos televisados uno por uno, detrás de un escritorio. Se nos hace mostrar documentos como el diario "El Siglo" y otros... Luego fuimos filmados los siete afirmados en diversos documentos y un mimeógrafo. En seguida nos filmaron con un lienzo que decía: "Por la razón o la fuerza, venceremos". Luego somos conducidos a otra sala donde hay focos muy potentes y se nos hace contestar todo lo que los interrogadores quieren...».

En la noche del 9 de diciembre de 1982, en un programa deno minado «Terrorismo», difundido por el Canal Nacional de Televisión de Chile, se muestran declaraéiones autoinculpatorias de las siguientes personas: Carlos Bruit Gutiérrez, Raúl Castro Montanares, Fernando Valenzuela Espínoza y Víctor Zúñiga Arellano.

Con posterioridad a la exhibición del programa los abogados de los detenidos presentaron un escrito a los tribunales planteando que la exhibición de declaraciones de sus representados constituye una violación del secreto del sumario, en circunstancias de que ni ellos, en su calidad de abogados defensores, habían tenido acceso a los expedientes.

«Nuestros defendidos han denunciado que estas grabaciones en videotape fueron hechas en los lugares secretos de detención de la CNI en el tiempo en que cada uno estuvo veinte días detenido e incomunicado, y que se efectuaban previa memorización a golpes y amenazas, esto es, bajo apremios ilegítimos. Sin embargo, ese día aparecen entrevistados por el Canal Nacional de Televisión [127] meses después de haberse efectuado la grabaciones». Los abogados solictan «sean adoptadas severas medidas y se dispogan sanciones acerca de este insólito y grave hecho» (diario «La Tercera de la Hora» 18-XII-1982).

El hecho de aparecer como delatores para algunos o como su jetos peligrosísimos para la sociedad provoca enorme tensión psicológica a los afectados, lo que corrobora la validez de considerar esta práctica en nuestro recuento.

Presencia de médicos y personal paramédico como luncionarios del equipo de torturadores.

Se continúa registrando la presencia de profesionales médicos y paramédicos en los recintos secretos de tortura, quienes, en contra vención con las normas éticas más fundamentales, se prestan para:

- Examinar a la persona secuestrada con el fin de dar paso a la tortura; en ocasiones incluso recomiendan a la víctima cooperar, «portarse bien», responder al interrogatorio, etc.

- Reanimar al torturado cuando éste se desmaya y decidir si se continúa apremiándolo.

- Preparar al detenido para su presentación al tribunal, horrando las huellas del maltrato.

Actuaciones de psicólogos como funcionarios del equipo de torturadores.

Es evidente que entre el personal que trabaja en la CNT, así como en la ex-DINA, hay psicólogos, quienes:

- Diseñan métodos de tortura psicológica que produzcan mayor efecto en las personas.

- Elaboran perfiles psicológicos del secuestrado con el propósito de recomendar la modalidad de tortura que sea más adecuada.

- Conversan con el detenido con el propósito de que entregue la información que les interesa obtener. Esta labor la ejecuta el que se denomina «el torturador bueno», por medio de ciertos recursos gratificantes, como dar comida, café, cigarrillos, conversar sobre diversos tópicos y tratar al detenido como persona. [128]

[128]Uno de ellos ha sido descrito a menudo, y es llamado «Doc» por los funcionarios del aparato represivo.

«... Como a las seis de la tarde entró en mi celda un tipo que se presentó diciendo: "Yo soy funcionario de un organismo, y me interesa saber un poco cómo descubrir la personalidad de ustedes y tengo que hacer un informe sobre ustedes que me ha pedido este organismo." El tipo entró solo y fue muy agradable; yo sentí como una sensación hipnótica, quizá hipnótica por las circunstancias, porque fue el primer tipo que me habló en forma relajada, que son rió después de todas esas horas malditas. Entonces yo me relajé absolutamente. Me preguntó de todo y me dijo que él creía que todo el mundo tenía derecho a pensar y que a nadie se le perseguía por las ideas. Me dijo: "Tú eres un intelectual muy bien formado, y sientes legítimamente el derecho de que todos los demás sigan la verdad que tú crees; como tienes más capacidad que el resto, entonces tienes derecho a imponerle la verdad a los demás." Le dije que nada que ver, porque no me sentía así ni me iba a sentir así tampoco, pero insistía en que yo era un intelectual muy capaz.»

Fui llevado a una sala y me quitaron la venda de los ojos. Sentado detrás de un escritorio había una persona conocida como "Doc", un hombre alto, corpulento, de aproximadamente cincuenta años de edad, quien me interrogó durante todo el día a partir de las informaciones obtenidas por medio de la tortura... En la tarde de ese día "Doc" trató de hipnotizarme a través de la sugestión y otras técnicas. No perdí la lucidez mental, pero sufrí una especie de entumecimiento o envaramiento en todo el cuerpo. Fue necesa ria la intervención del médico para recuperarme de estos efectos...»

- A. I. F. D., secretaria, treinta y ocho años de edad. La afectada fue detenida el 14 de julio de 1982 por agentes de la CNI. Estuvo internada en recinto secreto de ese organismo durante cinco días. El 10 de agosto interpuso ante la Primera Fiscalía Militar una denuncia contra los funcionarios de la CNI que habían cometido en su contra delitos de apremios ilegítimos, amenazas contra su vida y la de sus familiares, abusos deshonestos y lesiones.

Los malos tratos y las amenazas comenzaron en el momento mismo de la aprehensión. Esta se efectuó a las siete de la mañana en el domicilio de la afectada y mediante un gran operativo. El primer agente que ingresó en el inmueble, forzando la aldaba de la puerta, apuntó con la metralleta al hijo, de sólo cinco años de edad, diciéndole a ésta que si no decía dónde estaba el paquete «mataría al niño». La afectada señala que esta amenaza le provocó un sufrimiento irresistible, pues creyó efectivamente que el agente dispararía a la cabeza de su hijo. Posteriormente, con los ojos ven[130]dados, fue trasladada en un furgón «Suzuki» a un recinto secreto de la CNI.

«Por las noches me hacían acostarme en una cama de cemento, a la que puse una colchoneta que allí había, pero venía un funcionario y me hacía quitarla, insultándome, y luego venía otro y me hacía ponerla, también insultándome; a cada rato me despertaban.»

Entre las celadoras había dos mujeres. La afectada manifiesta al Tribunal que podría reconocer a una de ellas, dando su des cripción física. Esta, añade la denunciante, es lesbiana, y en una oportunidad le dijo: "Estás buena, flaca, pero tienes que engordar un poquito", y me manoseó rozándome con las manos el cuerpo. Siempre miraba cuando se duchaban las detenidas.

Y continúa la denuncia: «Al llevarme la comida me decían: "Cómase los ratoncitos." No quise comer, pero luego supe que a una niña le habían pegado por no comerse la comida que le daban y me la comí. Encima del guiso que me llevaban ponían colillas de cigarrillos, que de por sí era repugnante. Me hacían caminar ligero con los ojos vendados, y si me tropezaba me insultaban y me pegaban en los tobillos.»

La afectada fue víctima de abusos deshonestos en reiteradas oportunidades. Uno de ellos ocurrió cuando se estaba duchando: «Un hombre se me acercó por atrás y me puso los genitales diciéndome: "¿Por qué no pololeas conmigo? Mira que estoy bueno".»

Debió fumar en una ocasión marihuana y en otras le inyectaron sustancias para ella desconocidas.

Los apremios físicos que recibió de parte de los agentes de la CNI consistieron principalmente en golpes. «A mi madre, de sesenta y cuatro años, también la tenían recluida en el mismo recinto. Cuando yo trataba de ubicaría, me pegaban. En una oportunidad recibí un fuerte golpe en la columna vertebral, y dado que yo tengo una escoliosis en la cervical, este golpe me provocó una rigidez y no podía erguirme. Anduve varios días encorvada...»

Los agentes de la CNJ ejercieron sobre la afectada una fuerte presión psicológica, utilizando la permanencia en el mismo lugar de la madre y la supuesta de su hijo de cinco anos. «Yo sentía que arrastraban a mi madre por el pasillo hacia el servicio; la reco nocía por la tos. Ella tosía para que yo supiera que estaba viva todavía. La insultaban de manera soez. Se juntaban cinco hombres en una celda y me interrogaban amenazantes: "¿Quieres escuchar gritar a tu mamá?" Luego otro de ellos dijo: "¡No!, traigan al cabro chico! ", refiriéndose a mi hijo de cinco años. Y otro dijo: ¡No, matémosle a la vieja mejor! " Permanentemente oía gritos; me decían que era mi madre la que gritaba. Me amenazaban di[131]ciendo: "¡Si no dices sí, vamos a matar a la abuela! ", refiriéndose a mi madre.»

El tratamiento de que fue víctima la afectada le provocó una fuerte depresión nerviosa que la llevó a tratar de electrocutarse utilizando la conexión eléctrica que tenía el interruptor de su celda.

El estado de salud de la afectada se vio agravada por la interrupción del tratamiento médico a que continuamente está sometida a causa de la epilepsia que sufre.

- R. R. C. M. Artesano, detenido en julio de 1982 por policías peruanos en Tacna. Se le traslada a Anca en una camioneta vendado y maniatado. Pasa controles de frontera sin que quede constancia.

En Arica es entregado a Investigaciones, servicio que lo trae, también vendado y maniatado, en automóvil a Santiago, y lo entrega a la CNI. Permanece veinte días en el centro de detención ubicado en la calle Borgoño, donde es sometido a numerosos apremios psicológicos y físicos:

- Golpes en el cuerpo, principalmente en la cabeza y cuello.

- Amenaza de detención de su esposa e hijo (ella también es detenida y sometida a apremios ilegítimos por seis días en un centro secreto).

- Aplicación de electricidad en «la parrilla», en distintas partes del cuerpo, principalmente en las sienes.

Testimonio de dos personas detenidas en 1982 en provincias.

- R. O. I. Z., veintiún años, soltero, estudiante de tercer año de medicina en la Universidad de Concepción.

«El miércoles 2 de junio de 1982 fui secuestrado aproximadamente a las 18,00 horas cuando caminaba por la vía pública. Quienes me raptaron no presentaron identificación de ninguna índole.

»Se me llevó a un Cuartel de Investigaciones (situado en Los Carreras con Angol). Apenas llegué allí se procedió a vendarme fuertemente los ojos y a esposarme con el máximo de presión. En seguida se me golpeó salvajemente con puñetazos y patadas; luego se me dejó solo en un corredor, pero en cualquier momento recibía un golpe de puño o de palo, sin poder ver a quién me hacía eso. Estuve en esas condiciones por alrededor de media hora y luego de ello fui conducido a un subterráneo, en donde se me obligó a desnudarme y se me ató fuertemente de pies para posteriormente colgarme de un aparato por largo tiempo con fuertes golpes de [132] electricidad que me fueron aplicados en la sien derecha y en los testículos. Al finalizar dicha tortura quedé prácticamente paralizado de mis extremidades superiores e inferiores y al borde de la inconsciencia completa.

»Una vez relativamente recuperado, se me condujo a un pasillo en el cual de nuevo se me dejó solo; pero cada cierto tiempo, más o menos regular, era apaleado o pateado por varias personas. Luego se me llevó nuevamente al subterráneo, en donde se me sometió otra vez a torturas con electricidad (torturas del mismo tipo señalado anteriormente, pero que me fueron aplicadas con más intensidad y por un tiempo más largo). Cuando se me sacó de ese aparato fui salvajemente apaleado, además del pésimo estado en que había quedado.

»Estuve en esas condiciones hasta el día siguiente (jueves 3). En aquella oportunidad del 2 al 3 no se me permitió dormir en ningún momento. Alrededor del mediodía se me trasladó al cuar tel de la CNI ubicado en Pedro de Valdivia. Allí se me golpeó y se me torturó todo aquel día. En un momento se me puso sobre un somier, se me ató a él de pies y manos y se me aplicó corriente eléctrica en la espalda, en los testículos, en los pies y en las manos preferentemente. En otro momento se me colgó por las muñecas a una altura considerable, y se me torturó azotándome.

»Todo esto fue combinado permanentemente con amenazas de muerte para mí y mis familiares.

»Debo destacar que en los momentos de "descanso" se me mantenía encerrado en una pequeña celda, donde no me debía mover para nada (se me decía que si era sorprendido en otra postura "lo lamentaría", "lo pasaría mal"). Allí, además, debía escuchar música que provenía de una radio a mi lado puesta a todo volumen.

»Tampoco se me permitió dormir la noche del 3 al 4.

»EI día 4 fue prácticamente la misma cosa, con la diferencia de que se me obligó a ingerir pastillas.

»Estuve secuestrado hasta el día 5 de junio, día en el cual se me trajo directamente a la cárcel. Se me dejó incomunicado, y al día siguiente se me llevó a la Fiscalía.

»Antes de traerme aquí, el lunes 7, se me obligó a firmar con los ojos vendados una declaración extrajudicial (en la CNI)... Días antes se me había obligado a firmar otro conjunto de documentos.

»Antes de que me trajeran a la cárcel se me dijo que en la Fiscalía debía ratificar lo que estaba en la declaración (la extrajudicial); de no hacerlo así, se me mataría a mí y a los miembros de mi grupo familiar, no sin antes torturarnos. [133]

»Junto a la declaración extrajudicial se me puso un mapa, que se me dijo debía reconocer como mío en la Fiscalía.

»Con todas las precisiones y amenazas que tenía, al llegar a la Fiscalía el jueves día 10 ratifiqué la declaración extrajudicial y reconocí como mío aquel mapa. Ante esto el fiscal me hizo firmar aquel mapa con dos firmas. Tuve ese comportamiento para evitar se me volviera a torturar y para evitar que se tomaran represalias con mis padres y hermanos.»

- J. R. G. A., comerciante, casado, veintitrés años.

«Fui secuestrado en la vía pública el sábado 5 de junio de 1982 alrededor de las 20,30 horas, por varios individuos que no se identificaron.

»En ese instante iba acompañado por mi señora, a la cual maltrataron y amenazaron mientras yo era metido dentro de un vehículo, en el cual me hacían preguntas y a la vez me golpeaban. Me vendaron los ojos. El viaje duró alrededor de veinte minutos. Me bajaron a golpes; a mi parecer, el lugar era una casa grande.

»Se me interrogó y fui amarrado en una especie de silla (o banco). Promediando treinta minutos me pusieron algo en la cabeza y empezaron a golpearme. Los golpes eran en su mayoría en la cabeza y oídos. Esa noche fue muy larga porque quedó un tipo de guardia, el cual me golpeaba y amenazaba cada vez que yo preguntaba el porqué de mi detención.

»Se me amenazaba con violar a mi señora y torturar a mi hijo; me decían que estaban detenidos. Y si no decía o me culpaba, no los iba a ver más (está de más decir que todo el tiempo que me interrogaban me daban fuertes patadas y puñetazos).

»Nunca me dejaron dormir; siempre la posición fue incómoda, amenazas, música fuerte, golpes. En una ocasión me tuvieron durante horas en camisa y slip en una especie de subterráneo... Me decían: "Ahora nos vas a conocer"... Fue aquí donde me aplicaron una serie de torturas; se me sentó en un sillón, se me aplicó electricidad (testículos, sienes, dedos de los pies, antebrazos...).

»Antes de ir donde el fiscal me hicieron firmar varios documentos bajo la amenaza de que si no me iban a seguir torturando (ellos decían "jugando").»

En 1982 se registró la aplicación de métodos de tortura a 105 personas detenidas.

Durante el año 1983 el número creció en forma significativa (254 personas).

Como en los años anteriores, los antecedentes han sido recogidos de querellas por apremios ilegítimos presentadas ante los Tribunales de justicia; de declaraciones juradas ante notario; de [134] testimonios directos de personas dejadas en libertad o recluidas de datos recogidos directamente en lugares de reclusión y/o relegación, y de personas que acuden al Programa Médico Psiquiátrico de FASIC.

Las detenciones se centran de preferencia en personas activas, ya sea dirigentes políticos, sindicales, estudiantiles y poblacionales. Además, se desencadena una persecución reiterada por sospechas, sino que se hace en forma masiva. Ejemplo de ello son las detenciones y relegaciones después de las protestas o durante ellas; 127 de las personas arrestadas de preferencia por carabineros son entre gadas a la CNI o Investigaciones directamente y después relegadas por noventa días por orden del Ministerio del Interior.

La práctica de la tortura tiene durante 1983 un aumento no sólo cuantitativo, sino también cualitativo, como lo muestran los cuadros que se adjuntan y la descripción de los métodos aplicados. Nos referimos a métodos de tortura especialmente crueles, que habían dejado de utilizarse en años anteriores:

- La inmersión en aguas servidas (41 casos). El denominado «submarino» consiste en obligar a la persona a sumergir su cabeza en el agua repetidas veces, llegando en ocasiones hasta la asfixia.

- La «falanga» (diez casos), que consiste en golpear en forma repetida la planta de los pies con un instrumento romo.

- Repetidos golpes en la cabeza con una bolsa de arena (cinco casos).

- Someter por largo rato al ruido estridente de una señal de radio de onda corta, lo cual produce malestar intenso que se hace intolerable (seis casos).

Debemos señalar también los métodos represivos aplicados por carabineros en las manifestaciones de protesta y allanamiento a las poblaciones. Algunas de estas detenciones se efectúan en el lugar de las manifestaciones y la tortura es aplicada delante de familiares y vecinos. Estas acciones buscan producir un amedrentamiento masivo, suscitando terror e impotencia. Cabría asimilarías a una tortura masiva aplicada con propósitos pedagógicos.

Los métodos de tortura utilizados en el año 1983 son similares a los descritos para años anteriores. [135]

Testimonios.

G. Z.: treinta y dos horas de terror:

«El miércoles 28 de diciembre fui detenido por cinco agentes de la CNI (entre ellos, una mujer), alrededor de las 12,30 horas en la vía pública, en presencia de numerosos testigos. Me dieron orden de alto desde mi espalda, y al volverme me encontré encañonado por cuatro hombres y una mujer; me ordenaron tirarme al suelo; grité mi nombre y recibí un violento puntapié en la mandíbula. En seguida me esposaron y me introdujeron en un automóvil "Volvo" color blanco modelo reciente. En el vehículo se encontraba Rafael Ruiz Moncatelli, semiacostado en el asiento posterior. Inmediatamente el automóvil se dirigió veloz al cuartel de Borgoño. En el trayecto se nos vendaron los ojos y se nos anun ciaban reiteradamente amenazas de malos tratos.

»Llegando al cuartel se nos ordenó desvestirnos completamen te, ponernos un overol azul y zapatillas de igual color (todo esto en el patio de estacionamiento), para luego bajar a un subterráneo en donde había varias celdas pequeñas, piezas con "parrillas" para interrogatorios, una sala de enfermería, un baño y numeroso personal.

»Yo fui internado en una celda, la que no tenía luz natural; en cambio se mantenía permanentemente encendida una luz que se proyectaba sobre la roseta donde me sentaba o acostaba, según el caso. El que pasó directamente a la "parrilla" fue Rafael Ruiz Moscatelli, del que escuchaba desgarradores gritos de dolor, atenuados por un equipo de música que estaba con alto volumen.

»Luego de una media hora sentí encerrar a Ruiz en una celda contigua a la mía; pasos de varias personas que se acercan a mi celda, abrir violentamente el cerrojo de la celda y las voces de quienes serian mis torturadores. Fui llevado a la "parrilla" en a lo menos siete oportunidades. Allí, junto con preguntarme sobre mis actividades políticas, se me aplicaba corriente en las ataduras de mis manos y piernas, a lo que se agregó luego un electrodo en la tetilla derecha y otro en la vejiga.

»La primera vez estimo haber estado alrededor de una hora bajo el tormento de la tortura. Quedé en un estado de extrema debilidad que impidió ponerme en pie por mis propios medios, siendo llevado a mi celda por los mismos agentes para que me "recuperara". Yo no sentía las piernas, los horribles gritos que se me escapaban de la garganta me la lastimaron, sentía un gran mareo v un dolor en todo el cuerpo. [136]

»Junto al interrogador hay alguien que da puñetazos; otro que sostiene firmemente un trapo con ambas manos sobre la boca para apagar los horribles gritos que se dan y que, según ellos, era para que no me mordiera la lengua"; otro que regula la intensidad de los golpes de corriente, además de los que habían sido mis aprehensores, los que permanentemente hablaban de que la detención "se hizo sin testigos", de que "no saldremos vivos", de que "tienen veinte días para trabajarnos", aparte de obscenidades que dicen cometer con las mujeres.

»En el período comprendido entre el día y la hora de mi detención y el día y la hora en que se me sacó el scotch de los ojos, al llegar a la calle Gálvez fui examinado cinco veces por personal de la enfermería. En tres oportunidades por una pareja de hombres y en las otras por una pareja de mujeres.

»En cada uno de estos chequeos se me tomaba la tensión, el pulso, la temperatura rectal y axilar y se me revisaba completamente el cuerpo. Claro que en las cuatro primeras ocasiones el diagnóstico fue implacable: apto para la tortura. Supongo que el quinto chequeo fue para diagnosticar que estaba "presentable" al fiscal.

En todo momento negué todo tipo de vinculación con hechos de armas y absoluto desconocimiento de la existencia de ellas... Estas declaraciones las repetí exactamente igual ante la Fiscalía, dejando en claro desde un principio la burda maniobra de la CNT de hacer un acta de allanamiento de mi domicilio en el que se encontraron armas y explosivos, en circunstancias de que las grabaciones de las sesiones de tortura cuentan de mi absoluto descono cimiento y desvinculación al respecto, además de la constatación que los mismos agentes hicieron en comentarios luego que retor naran del allanamiento, en orden a reconocer el estado de "limpieza" de mi domicilio.

Sin duda que tanto los falsos cargos como las falsas pruebas formaban parte del "plan" destinado a presentarnos como "extremistas" ante el país, y además permitir que la Fiscalía haga equívo cas presunciones, suficientes para ordenar encargatorias de reos.»

C. O. B., dirigente sindical:

Durante su permanencia en un recinto secreto de la CNI, entre los días 18 y 24 de junio, fecha en que, por disposición del Ministerio del Interior, fue relegado a la localidad de Chile Chico, fue víctima de tratos crueles, inhumanos y degradantes.

Desde el momento de su aprehensión, practicada por agentes de la CNI en su domicilio, se le vendaron los ojos. En un furgón «Subarú» fue llevado a la calle Borgoño. Siempre con los ojos [137] tapados, debió ponerse un buzo de mezclilla azul y calzar zapatillas de lona. A una hora y medio de su ingreso se desarrolló el primer interrogatorio, siendo apremiado con puñetazos y patadas en diversas partes del cuerpo, procedimiento que los agentes denominan «de ablandamiento». Los golpes eran de gran intensidad, en varias ocasiones cayó al suelo y en una oportunidad fue lanzado contra una de las paredes de la sala. Los agentes pretendían que el afectado reconociera ser militante activo del Partido Comunista, su calidad de dirigente de esa organización y su participación en la gestación y desarrollo de la jornada de protesta realizada el 14 de junio.

Al día siguiente de la detención, 19 de junio, continuaron los interrogatorios, esta vez usando como medio de tortura la aplicación de corriente eléctrica. La víctima fue sentada en una silla. Se le colocaron muñequeras y cables entre éstas y la piel, al tiempo que se le obligaba a empuñar con ambas manos dos llaves. Con un instrumento metálico le aplicaron electricidad en la lengua, las orejas, el pecho, en forma intermitente. Las preguntas de los interrogadores fueron las mismas de la ocasión anterior, añadiendo amenazas en contra de su cónyuge, dirigente campesina, de quien se expresaron groseramente, demostrando tener un gran conocimiento de sus actividades.

Le preguntaron además por L. A. y L. P., otros dos dirigentes sindicales de su organización. Manifestaron que cuando detuvieran a L. P., que usa prótesis para caminar, «le quebrarían la otra pierna».

El tercer día el trato fue aún más violento. Recibió innumerables golpes en los oídos que le hacían perder el equilibrio y caer al suelo... En dos oportunidades durante ese día fue colocado en "la parrilla". Se le tendió en una camilla (que estaba cubierta con plástico de color verde), desnudo, amarrado por la cintura, pies y manos. Entre los dientes le colocaron un objeto de metal y, cubriendo la boca, un paño que era fuertemente presionado por un agente. La cabeza quedó colgando. En esa posición recibió varias descargas de electricidad mediante electrodos colocados en el estómago, por debajo de la faja, aplicándosele corriente en los dedos de los pies, en los testículos y en el cuello. Durante este procedimiento uno de los torturadores permanece sobre la cabeza del afectado y apretando el paño sobre la boca. Cuando el afectado quería responder alguna pregunta debía mover el dedo pulgar, y entonces cesaba la tortura. Este mismo tratamiento le fue aplicado al día siguiente. [138]

El martes día 21 de junio no fue torturado físicamente. Le obligaron a bañarse, a afeitarse y le quitaron el buzo y las zapatillas para que se pusiese la ropa que llevaba al ser detenido. Entonces debió leer ante cámaras filmadoras una declaración redactada por los agentes en la que reconocía su militancia en el Partido Comunista, sus supuestas responsabilidades en esa organización y una serie de actividades, algunas de ellas relacionadas con la jornada de protesta del 14 de junio.

En varias ocasiones recibió bofetones en el rostro porque los agentes estimaban insatisfactoria la lectura o el tono de la voz.

El 22 de junio, día en que tampoco fue apremiado físicamente, le manifestaron que quedaría en libertad. En tres ocasiones fue obligado a bañarse por esta razón; sin embargo, la liberación no se produjo.

Finalmente, el 23 de junio fue llevado en horas nocturnas, siempre con los ojos vendados, al Cuartel General de Investigaciones junto a otros dirigentes detenidos en el mismo recinto.

Antes de darlos por recibidos el funcionario de Investigaciones hizo dos exigencias: que a los detenidos se les quitara la venda de los ojos, lo que les permitió ver a los agentes de la CNI que los habían conducido hasta allí, y que se les practicara examen médico, para dejar constancia de su estado físico.

El 24 de junio fue trasladado en avión hasta la ciudad de Coyhaique para luego ser llevado hasta el lugar de relegación, la localidad de Chile Chico, Undécima Región.

A. B. G., chileno, casado, cincuenta v cuatro años, detenido en Arica:

«El jueves día 4 de agosto de 1983, cuando me dirigía a pie por falta de dinero a mi domicilio, fui detenido como a las 13,15 horas por cuatro hombres que no se identificaron en avenida Los Artesanos esquina Pasaje Salitre.

»Estas personas andaban en un auto blanco, todos armados. Mi detención fue a punta de patadas.

»Desde ese mismo instante, al meterme por la fuerza en el auto, fui golpeado, encapuchado y esposado. Me condujeron a un lugar que desconozco, donde hablaban varios hombres mas.

»En ese lugar fui interrogado para identificar mi procedencia, filiación política y todos mis pasos desde el día 23 de mayo, fecha en que había llegado a Anca. Como no quedaron conformes, procedieron a colgarme por los pies de unas barras de hierro. En esos instantes, mientras me introducían una botella con líquido por el ano, otros me golpeaban las costillas, espalda, estómago y piernas, otro me balanceaba, según él para que muriera más tarde. [139]

»Creo haber estado unos cuarenta minutos en esa forma. Me bajaron y como diez minutos después me volvieron a colgar por los pies y me golpeaban en la misma forma. No puedo precisar cuánto tiempo metuvieron colgado, ya que esta vez estuve a punto de perder el conocimiento. Durante todos los días que me mantu vieron en ese lugar permanecí con la vista tapada y las manos esposadas.

»Día y noche me interrogaban, siendo objeto de múltiples golpes en diferentes partes del cuerpo.

»Fui amenazado de muerte varias veces. Argumentaban que nadie había visto mi detención... Me propinaban golpes en los oídos, me levantaban por el pelo...

»En tres oportunidades fui examinado por un médico, y éste autorizaba la continuación de la tortura diciendo: "Está bien: es todo de ustedes; siganlo tratando.» Seguramente por recomendación médica me dieron tabletas tres veces, como también un líquido sabor a menta...

»Me sacaron una noche en un vehículo y me obligaron a despedirme de mis compañeros porque ya no volvería y sería uno menos.

»Las amenazas hacia mi familia, sobre todo en los últimos días, fueron frecuentes, al decir que no se me olvidara que tenía un niño muy bonito y que le podía pasar algo a mi esposa. Todo lo que me hicieron firmar fue bajo amenazas de muerte y con golpes de karate en el cuello y espaldas.

»Sólo me quitaron la venda de los ojos cuando fui filmado para la televisión y nos colocaron delante de una cantidad de propaganda política, armas, "miguelitos" y bolsas de explosivos. Después de filmar nos llevaron a almorzar y partimos. Me dijeron que firmara unos documentos que acreditaban que me devolvían lo que me habían quitado cuando fui detenido y unos documentos que habían encontrado en mi domicilio junto a un bolsón color café...

»Nos sacaron en un vehículo, y en el lugar que nos dejaron, antes de sacarme la venda y el scotch de los ojos, un hombre en voz baja me dice: "Si mientes aquí, conforme a lo firmado, de regreso te matarán." Me quita la venda y me dice: "No mires hacia atrás", y al abrir los ojos me doy cuenta de que estoy en la Fiscalía Militar.

»Quiero manifestar que el señor fiscal me dijo que tenía que declarar de acuerdo a los documentos que traía firmados y me mostró un arma "miguelitos" y unas bolsas de explosivos, más un paquete de volantes. Todo esto me lo habrían encontrado en mi domicilio con la firma de tres personas que acreditaban estos he[140]chos. En esta forma tuve que entregar mi primera declaración en la Fiscalía Militar.»

H. V. S., detenida en Concepción en noviembre de 1983 por personal de la Central Nacional de Informaciones:

«Me condujeron a la Comisaría Alarcón del Canto. Nos dejaron en la sala de partes, nos tomaron nuestros datos y a mí me condujeron al fondo de la Comisaría a una pieza, donde me sentaron en una silla y me preguntaron por mi conviviente. Al responderles que no sabía de él, me golpearon brutalmente en la cara. Me preguntaban por su nombre como el de mi marido, del que estoy separada. Luego me acostaron en una banca a lo largo, me amarraron los pies y manos, para lo cual utilizaron un palo. Siguió el mismo interrogatorio: me apretaban el estómago, me lo golpeaban con los puños; luego me soltaron los pies, me bajaron los pantalones y me empezaron a aplicar corriente en el estómago y luego en la vagina. Todo esto duró una hora. Me pararon luego y me volvieron a sentar en la silla con las manos hacia atrás esposada. En eso me quitaron la venda... Me llevaron al calabozo, donde estuve toda la noche en pie y esposada...

»Al día siguiente un hombre de mediana estatura, crespo, mo reno, me puso una venda en los ojos. Me sacaron de la Comisaria y me introdujeron en un vehículo junto a otro detenido. Ibamos tirados en el suelo, cubiertos con mantas. El vehículo comenzó a dar vueltas durante veinte o treinta minutos por caminos pavimentados y de tierra. Cuando llegamos subimos una escalera, camina mos algo y luego bajamos una escalera larga, al parecer angosta. Allí me sentaron en una silla, con las manos amarradas atrás. Había una máquina que hacia un ruido fuerte, con sonidos agudos. Me empezaron a interrogar. Sentía quejidos de otras personas, de una mujer y un hombre. Cada cinco minutos se sentían ruidos, la bajada de muchas personas, ruido de llaves. A todo esto había perdido la noción del tiempo, pero debía ser la noche del jueves día 3. Se sentían gritos de otras personas torturadas. Cuando debían ser altas horas de la noche, me sacaron del lugar y me subieron a un vehículo. Me dejaron allí un tiempo. Se escuchaba que mis captures hablaban sobre quién partía antes o después. A mi lado subieron a otra persona y me dijeron que era mi conviviente el que se quejaba y no podía hablar y llevaba también las manos amarradas como yo. El vehículo se puso en marcha por un lapso corto y se detuvo donde se escuchaba el ruido del mar. Me bajaron y escuché la llegada de otros vehículos. Luego me sentaron en una silla. Eso al parecer lo hacían también con otras personas detenidas que estaban a mi lado. Nuestros captures nos hablaban [141] de que nos violarían y luego comenzaron a sacar a los que estaban a mi lado, los que se quejaban mucho. Algunos decían: "No puedo más", y los agentes decían: "Ahora son maricones". Más tarde se llevaron a una de las mujeres y luego a otra, que lloraba diciendo que tenía dos hijitos. Luego me llevaron a mí. Empezaron a interrogarme, me dieron de beber un líquido, me golpeaban brutalmente en el estómago y rostro. Me llevaron luego y me sentaron en una silla y sentí que allí estaban otros detenidos; había olor a excremento y una mujer decía: "No aguanto más"... Cuando ya era de día nos llevaron al patio en sillas, nos soltaron las manos y nos dieron sopa. Allí estuvimos mucho tiempo, hasta que el sol se escondió y empezó a hacer frío. Luego uno de mis captores me llevó hacia un lugar donde nuevamente me interrogaron. Había varias personas. Los interrogatorios, como todos, versaban sobre la filiación política, etc. Me amenazaban de muerte, me preguntaban por los nombres de mis familiares, qué hacía yo desde 1973, si mi familia era comunista, etc. Terminado esto, me llevaron a una pieza donde se sentía estaban los otros detenidos; nos llevaron sacos de dormir y nos pudimos acostar y dormir algo. Luego nos despertaron. Se me había corrido algo la venda; nos cuidaban dos, que entraban y salían. Logré ver por una ventana que había un patio y luego una casa de madera con la parte baja pintada de azul fuerte y más arriba de color amarillo. Afuera había como ocho personas desayunando. Por otra ventana se veía un cerro y al pare cer había en él un cementerio. También vi que para entrar al lugar había un portón de madera y que abajo pasaba la carretera...»